Jobabo. – Siempre se dijo que el socialismo es una obra de justicia social, en el que la equidad y la igualdad debería ir tomadas de la mano, sin privilegios para nadie, pero la dura realidad de estos tiempos demuestra lo contrario.
En los últimos tiempos ha surgido una capa social que traspasa los preceptos reales de la propia igualdad y la equidad tras la obtención de jugosas ganancias que provocan ingresos personales superiores a la media de cualquier trabajador consagrado a la faena diaria de aportar a la sociedad y mejorar su calidad de vida y la de su familia.
Hoy, los llamados nuevo ricos de la Cuba revolucionaria, ostentan niveles de vida, muy por encima de todos los trabajadores vinculados a las labores cotidianas estales y su fuerza laboral contratada gana un salario superior a otros que realizan igual labor en la gastronomía popular o el comercio.
Entonces, aunque nos duela, hoy no podemos hablar de que el socialismo es justicia social para todos, ni igualdad ni equidad, al menos, en estos tiempos en que disfrutan más y se alimentan y visten mejor los que tienen más dinero, fruto de un negocio particular con entrada diaria de suficiente dinero, los demás, a tratar de vivir como puedan.
Qué jubilado, pensionado o trabajador con su salario mínimos puede adquirir un pomo de aceite a 2.000 pesos, una bolsa de arroz a 780.00 o una libra de azúcar a 4.20 y hasta más en los establecimientos administrados por los trabajadores por cuenta propia.
Si compras aceite, no puedes llegarle al azúcar y mucho menos al arroz, el pollo o el picadillo porque cada día sus precios suben como la marea, siempre a favor de los dueños y nunca del que trabaja humildemente para el Estado socialista para que se revierta en beneficio común de toda la sociedad.
En resumen, hoy en día en el socialismo que construimos, es imposible hablar de equidad e igual para todos porque unos pocos viven bien, mientras que la mayoría se debate entre escases y penurias.



