Jobabo. – Podrán explicar de manera científica y técnica miles de veces, que la población de este municipio nunca va a entender las razones por las cuales hace cerca de 4 meses o tal vez más que ni una sola vez en la noche puede disfrutar, de al menos, dos horas de electricidad.
¿Será que este pueblo está condenado al eterno insomnio, al intenso calor y a la exposición perenne a los mosquitos cada noche?
No es justo, que mientras otros disfrutan del necesario servicio en días alternos o con planificación horaria de apagones por circuitos, en Jobabo nunca en horas de la noche se pueda acceder a la electricidad como verdaderos seres humanos que también necesitan de calidad de vida y reposo psicológico y espiritual.
Ello resulta una práctica irracional por parte de los que deciden la distribución de energía eléctrica en la provincia y de los que supuestamente deben exigir y velar por la equidad y la transparencia en tal sentido.
El hecho de haber ejecutados variaciones en la infraestructura eléctrica de la cabecera provincial, trajo consigo el desmoronamiento de los tradicionales circuitos con horarios especificados los cuales permitían a las familias la planificación de sus actividades domésticas y laborales.
Pero, a algún cerebro se les ocurrió esas modificaciones para privilegiar a los del municipio cabecera en detrimento de la salud mental y psicológica de todos los que en las localidades reciben el impacto de la descabellada idea.
Se sabe que existen grandes limitaciones de combustible y de materiales para la reparación y mantenimiento de las centrales termoeléctricas y de los emplazamientos de los grupos electrógenos de la generación distribuida, pero, ese es otro tema que muy poco tiene que ver con la planificación y la falta de equidad y sensibilidad de los decisores, que a las claras se asoma en este entramado.
Esta no es la hora de justificar nada y apelar a discursos, muchas veces vacíos y faltos de suficientes argumentos para persuadir y convencer a los que están expuestos diariamente y, sobre todo, en las noches a una extrema desesperación, sin poder conciliar el sueño, bañados de sudor y con la constante picada de los mosquitos.
¿Alguien así, sometido a esas inhumadas condiciones podrá rendir laboralmente al siguiente día o entender una clase impartida un maestro o profesor? Sin pecar de pesimista, la respuesta es rotundamente: NO.
Y NO más a la falta de equidad y de sensibilidad, también debería ser la manera en que se distribuye en Las Tunas la poca energía eléctrica asignada por el despacho nacional de carga, a veces cómplice de esta situación que aqueja y agrava inhumanamente a los pobladores de Jobabo y de otros municipios tuneros.



