El olor a carbón se siente en Ramírez desde que las veredas de acceso asoman al pequeño poblador rural ubicado al este de Jobabo. Motosierras que entregar, diagnósticos que compartir y sobre todo, historias que escuchar. Fue el propósito de una jornada amplia, participativa y completamente enfocada en promover la esencia misma del quehacer comunitario de quienes, por ser mujeres, no se miden por estereotipos ni se esquivan ante los complejos panoramas de una labor que como dijeron allí -Es dura, compleja y deja las manos llenas de cayos y pinchazos-.

Fue de esos días donde las planificaciones salen bien porque la gente las hace suyas, donde los especialistas dejan de ser visitantes y se convierten en vecinos de unos cuantos minutos, comparten vivencias y dejan marcado el rumbo de un trabajo comunitario que va más allá de facilitar recursos y utensilios de trabajo para convertirse en una experiencia única de laboratorio social.

En Jobabo, municipio que participa del proyecto “Carboneras: por la autonomía de madres adolescentes y jóvenes en territorios rurales de Cuba” junto a la Ciénaga de Zapata, la visita dejó la sensación de que las cosas pueden hacerse de otro modo, con más cabeza y más corazón, que se pueden transformar realidades duras, ejercer solidaridad sin victimizar, y sumar voluntades hasta que el peso de una comunidad entera empuje en la misma dirección.
Herramientas que transforman vidas
Más de una decena de motosierras eléctricas y de combustión, machetes nuevos, hachas afiladas, limas, ropa resistente y calzado apropiado cambiaron de manos. Detrás de cada herramienta había una mujer carbonera, de esas que conocen el oficio, pero rara vez habían tenido los medios para ejercerlo sin depender de otros.
Para alrededor de una treintena de personas que integran las brigadas femeninas de producción de carbón, estos insumos significan algo muy simple y muy profundo a la vez: -Esto significa poder trabajar cuando uno quiere y quedarnos con lo que ganamos- dijo, Raquel Ricardo quien, a sus 66 años, ya jubilada, sigue montando hornos junto a su hija Noida Reyes Ricardo.
En una zona donde el acceso a recursos de este tipo se hace demasiado costoso, lo que parecen objetos comunes se vuelven llaves para la autonomía de su labor, reconocen facilitadoras del proyecto.
Las motosierras eléctricas, silenciosas y limpias, permitirán trabajar en un contexto en el que escasean los combustibles y los lubricantes. Las de combustión, más potentes, también son útiles para un entorno más pesado y complejo donde el marabú, de una dureza reconocida popularmente, hace ¨chillar¨ cualquier filo. Los machetes y hachas no son un retroceso tecnológico sino un complemento indispensable para el desrame y el corte fino, clave en los montajes. La ropa y el calzado, por fin adecuados, evitarán accidentes que muchas de esas mujeres han tomado ya como “parte del oficio”.
-Una está a expensas de un corte, de pinchazos que te pueden dejar invalida. Se trabajo como se puede y con lo que se puede. Ya nos hemos adaptado. Es riesgoso, pero me gusta el trabajo- Expone Marelis Montero Rodríguez.
Pero la jornada no fue solo repartir. Especialistas y coordinadores se sentaron con las carboneras, tomaron notas de sus historias de vida, escucharon qué las había traído hasta allí, qué sueños tienen, qué miedos las acompañan y cómo se sobreponen con tanta adaptabilidad. Ese intercambio fue tan valioso como los insumos, porque permite ir ajustando el proyecto a las necesidades reales, no a las que se imaginan desde una oficina.
El programa quiere contribuir a la autonomía económica y corporal de madres adolescentes y jóvenes sin vínculo laboral, garantizar sus derechos sexuales y ofrecerles una vida libre de violencias basada en género. Suena ambicioso, pero cuando se divisa a una de esas mujeres empuñando una motosierra por primera vez en medio de un marabuzal, se entiende que es camino que ya empezaron a andar con ¨Carboneras¨
Un diagnóstico que habla claro
A la par de la entrega de herramientas, los especialistas presentaron a dirigentes, directivos y especialistas de diferentes instituciones de Jobabo el Diagnóstico de la Situación de Adolescentes y Jóvenes en Jobabo. Datos que revelan tantos aspectos alarmantes desde el enfoque educativo, demográfico, laboral, sanitario y sociológico, pero que a la vez se proyecta por una articulación imprescindible para transformar estereotipos de género, violencia basada en género y falta de acceso sistemático a información sobre derechos sexuales y reproductivos.
-Lo vemos como una oportunidad para una trabajo que ya tenemos encaminado en el municipio con la estrategia de desarrollo municipal y sus líneas estratégicas, porque podemos enriquecer el trabajo, enfocarlo hacia aristas que a veces no vemos y que son necesarias para una mejor articulación social y económica de nuestros grupos poblacionales- precisó Blanca Iris Santana, especialista de Comercio Exterior en el gobierno municipal.

La investigación incluyó cuestionarios sobre estereotipos de género, entrevistas a embarazadas y madres adolescentes, talleres con personas que conocen el territorio, y encuentros directos con las propias carboneras, sus familias y parte de la ccomunidad.
El resultado es una fotografía nítida de lo que ocurre en una de las zonas más vulnerables del país, con cifras que alarman pero también proyectan oportunidades con oportunidades que ilusionan y que permiten mecanismos para revertir los problemas, ponderaron coordinadoras de ¨Carboneras¨.
En salud sexual y reproductiva, el diagnóstico encontró las prácticas sexuales y embarazos no son planificados, lo que golpea el bienestar familiar desde lo económico, claro, pero también desde lo emocional y lo cotidiano.
-Lo cierto es que eso las desvincula en cierto modo de los estudios, les vulnera el futuro laboral y las hace dependientemente económicas en un entorno familiar que está lleno de estereotipos, y puede llegar a ser un entorno violento- reseña Lisandra Esquivel, especialista del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA).
Pero Carboneras no es un proyecto que solo detecte problemas. Va más allá. Lo que propone es una intervención integral que combina tres cosas que rara vez van juntas: acompañamiento comunitario sostenido, formación real en autonomía económica, y educación sexual. El diagnóstico justifica esta mirada amplia y la vuelve urgente.
Los especialistas identificaron una articulación muy inteligente en la cadena productiva del carbón vegetal la cual puede ser una puerta para transformar estereotipos de género y reducir la violencia basada en género. ¿Cómo? Poniendo a las jóvenes a trabajar, a ganar su dinero, a relacionarse con otros adultos en un entorno productivo donde puedan hablar sin los candados del hogar.
-En el municipio gracias a estos enfoques incluimos estos temas en una línea estrategia de la EDM que atiende estos asuntos, se llama ¨Desarrollo social, comunitario, inclusivo y comunicativo¨ y diseñamos una política pública municipal que tiene que ver con esto- adelantó Eliades Labrada, director de Municipal de Desarrollo en Jobabo.
El diagnóstico también reveló la falta de acceso sistemático a información sobre derechos sexuales y reproductivos. No es que las jóvenes rechacen el conocimiento, es que la información llega mal, llega tarde o no llega. Los talleres esporádicos y las charlas de una vez al año no cambian conductas arraigadas. Se necesita presencia continua, conversaciones incómodas repetidas hasta que se vuelvan naturales, y espacios donde preguntar sin sentirse juzgada, argumentaron en el intercambio.
El diagnóstico dio un lenguaje común y prioridades compartidas sobre temáticas sociales complejas y a veces puestas en un segundo plano ante urgencias diarias del quehacer organizacional e institucional local.
El proyecto continuará su labor en Jobabo, porque una jornada productiva no es suficiente. Queda diseñar estrategias participativas que fortalezcan la educación sexual previniendo embarazos tempranos, generar oportunidades económicas reales para estas jóvenes madres, y romper ciclos de vulnerabilidades y estereotipos que se arrastran por generaciones como prácticas que parecen apegarse a tradiciones familiares que no se perciben a simple vista.




