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Feria de Ciencia e Innovación a favor del desarrollo en Las Tunas

Las Tunas.- «Tenemos que seguir recuperando lo que tenemos con el talento creador de todos y continuar sumando jóvenes a la actividad de la ciencia y la innovación», señaló la Gobernadora de Las Tunas Yelenis Tornet Menéndez al intercambiar con los técnicos y especialistas del Centro Provincial de Electromedicina asistentes a la primera Feria de la ciencia e innovación desarrollada en Las Tunas.

Lo que más vale y brilla del pensamiento y las manos creadoras en la provincia, y que siguen apostando por el desarrollo del territorio se dieron cita en la convocatoria que bajo el nombre Ciencia e Innovación para el Desarrollo tuvo lugar en el municipio cabecera.

Convocada por la Delegación Territorial del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (Citma) , empresas, entidades, centros de la educación y actores económicos privados expusieron los resultados de la aplicación de la innovación y la tecnología en los procesos productivos, sociales y humanísticos.

Las expectativas de esta primera feria se superaron, destacó Frank Villavicencio, delegado territorial del Citma quien luego de felicitar a los participantes los convocó a la segunda edición de este evento para igual fecha de diciembre de 2026.

«Hemos dado el primer paso por lo que desde ya proponemos, entre otros temas, para la próxima convocatoria, la producción sostenible de alimentos, energía para un desarrollo amigable con el Medio Ambiente, tecnologías, bienes y servicios para la salud y soluciones a problemas medioambientales actuales», precisó Villavicencio.

«Sin el papel innovador y creador de ustedes sería imposible vencer los retos que a diario tenemos que enfrentar», destacó la gobernadora al clausurar la feria y destacó que lo visto es una muestra de las potencialidades que existen en el territorio e invitó a efectuar una similar en cada municipio y concluir con la de carácter provincial en 2026.

Ocho años de dulce miel

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Ocho años de esfuerzo dedicados a brindar dulce miel artística cuenta en el calendario la Colmenita de Jobabo, el proyecto fue regocijado por la sumatoria de fuerzas de las autoridades municipales Partido, Gobierno, UJC, Cultura y Educación en una celebración que tuvo como escenario al Motel 30 de diciembre.

Octubre se hizo acompañar por el huracán Melissa y la Colmenita se vio obligada a interrumpir las celebraciones del 20 de ese mes cuando cumpliría su octavo aniversario, pero diciembre característico por sus celebraciones incluyó la fiesta de agasajo para los colmeneros donde reconocieron su trayectoria.

El espacio fue ideal para que los presentes disfrutaran del talento de la brigada de instructores de arte ʺJosé Martíʺ y del proyecto risueños de la casa de Cultura Perucho Figueredo Cisneros quienes llevaron danza, música, juegos y ocurrencias a los que cultivan el talento desde la bondad del corazón.

Llegar al octavo aniversario ininterrumpido de labor forjando galeras de buen arte a su paso por distintos territorios cubanos es la traducción de la valía de quienes forman parte de esta tropa artística dirigida por Freddy Echavarría Tamayo.1765397908189

Darle apertura al acto por el 67 Aniversario del Triunfo de la Revolución y de la Toma y Liberación de Jobabo fue el reto que puso a los colmeneros y a la dirección de cultura el Primer secretario del Partido en el municipio, Osmel Osorio López, los cumpleañeros tienen la responsabilidad de dar un toque diferente al 30 de diciembre, día en que la plaza que lleva el nombre de la efeméride se engalanará para celebrar un año más de victorias.

Sector Agropecuario jobabense se prepara para feria del 30 de diciembre

El sector agropecuario de Jobabo ultima los detalles para saludar el 67 aniversario de la liberación del territorio y el triunfo de la Revolución, cuya principal actividad será una feria agro comercial, programada para el próximo 30 de diciembre en la plaza que lleva el nombre de esta histórica fecha.

 

Este evento simboliza la unidad entre la efeméride local y el legado nacional, enmarcándose en las celebraciones por el nuevo aniversario del triunfo revolucionario.

 

La feria se desarrollará inmediatamente después del acto político y ceremonial tradicional por la liberación, que año tras año tiene lugar en ese mismo espacio cívico.

 

Se prevé la participación de la totalidad de las unidades productoras y comercializadoras del municipio, las cuales no solo expondrán sus mejores surtidos agropecuarios, sino que también ofrecerán otros productos necesarios para complementar las celebraciones familiares de fin de año, fusionando así el homenaje histórico con la preparación para las festividades de diciembre.

 

Paralelamente, la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP) en el territorio despliega un conjunto de acciones en sus 20 cooperativas de base, actividades que incluyen jornadas de fortalecimiento de la gestión organizacional de las juntas directivas y trabajos de dignificación de los locales socioculturales y de las bayas identificativas de cada entidad, buscando realzar el sentido de pertenencia y la imagen del movimiento cooperativo.

Como parte de este esfuerzo integral, la organización campesina también ha programado reconocimientos a productores destacados y a dirigentes de base, cuyo desempeño ha sido crucial para el avance del sector.

Este estímulo moral se complementa con un trabajo enfocado en el análisis y cumplimiento de los planes productivos, asegurando que la conmemoración también sirva como impulso para los compromisos económicos del próximo año.

La feria del 30 de diciembre será, por tanto, una demostración tangible de los frutos del trabajo de sus campesinos, un espacio de abastecimiento para la población y un digno homenaje desde la producción a la memoria de la liberación y a la Revolución Cubana.

Un día con dos heridas

El 7 de diciembre amanece en Cuba con una luz distinta, una claridad que parece filtrarse a través de un cristal empañado por dos siglos. No es un día cualquiera; es una fecha que lleva en su costado la dualidad de una herida antigua y otra más reciente, como dos ríos de sangre que, contra toda lógica geográfica, convergen en el mismo delta de la memoria nacional. El calendario, ese invento humano para domesticar el tiempo, se resquebraja aquí, permitiendo que 1896 y la década de 1980 dialoguen en un mismo suspiro.

 

Primero, se escucha el galope. Es el rumor sordo, traído por el viento del oeste, del caballo del Titán de Bronce en su carga final. Antonio Maceo cae en un pedazo de tierra habanera llamado Punta Brava, y su muerte, aquel diciembre colonial, no fue un punto final, sino una semilla de acero. El mito se alza en un hombre que llevaba en su cuerpo cicatrices de guerra. La noticia cruzó la isla como un lamento seco, un fogonazo de indignación que prometía no apagarse entre el mambisado.

 

Durante décadas, el 7 de diciembre fue sólo suyo, del General. Pero la historia, tejida en un telar caprichoso, decidió tejer otro hilo de color ocre, el color de la tierra africana. En el último tercio del siglo XX, miles de jóvenes cubanos cruzaron el océano, no como colonizadores, sino como soldados de una solidaridad férrea. Partían hacia la vastedad ardiente de Angola y Etiopía, a una guerra lejana cuyos ecos resonaban en las cartas que llegaban con olor a polvo y distancia.

 

El dolor, cuando llega, no es abstracto. Tiene dirección y nombre propio. En Jobabo, un pueblo donde el sol parece más lento y el verde de los campos es profundo, el mapa del mundo se redujo a diez ausencias. Diez rostros que se fueron un día con una estrella en la gorra y la convicción en el pecho, y que regresaron para siempre en una caja cubierta por una bandera. La tierra tunera, fértil para la caña, también lo fue para el heroísmo y la pérdida.

 

Hoy, en el cementerio del pueblo, frente al sencillo monumento que guarda sus nombres, se realiza el homenaje. Las ofrendas florales se acumulan. Los discursos evocan, en un mismo aliento, la entereza de Maceo y el valor de estos muchachos. Es un acto extraño y conmovedor, se habla del colonialismo español y del apartheid sudafricano como dos caras de un mismo monstruo al que Cuba, en distintos siglos, enfrentó. El tiempo se pliega. Los diez de Jobabo y el Titán parecen camaradas caídos en una misma lucha interminable por la soberanía.

 

Una mujer mayor, canosa, sujetada de sus familiares, se acerca, deposita sus lágrimas en el suelo pedregoso del camposanto. Habla de su hijo con orgullo y dolor, uno de los diez. “Se fue con la música de Sara González en la cabeza y volvió con el silencio de la gloria”. Su voz es un puente frágil entre el presente estático del recuerdo y aquel pasado vibrante de partidas. Mientras habla, una bandera ondea, y sus pliegues parecen acariciar tanto el mármol del monumento local como el retrato de su querido joven arrancado por la memoria de los ancestros.

 

¿Qué une a estos hombres separados por un océano de tiempo? Quizás la sombra alargada de un deber que trasciende la frontera propia. Para Maceo, era la isla completa por liberar. Para los internacionalistas, era la idea de que la Patria podía ser también donde un pueblo hermano luchaba por su dignidad. Dos conceptos de patria, uno geográfico y otro moral, encuentran en esta fecha su síntesis en el sacrificio supremo. La muerte, gran igualadora, los hermanó en el panteón cívico de la nación.

 

El aire lento de la mañana, cargado del aroma seco del sue tunero, lleva una respuesta flotante. Resuena en el orgullo de una familia, en el relato, en la mirada perdida de una madre. Para la historia, estos jóvenes son héroes de la “misión sagrada” en África. Para el corazón de Jobabo, son sus hijos, los que crecieron, los que se quedaron congelados en una sonrisa juvenil de fotografía en blanco y negro amparados en la historia y la recordación perenne.

 

En la quietud, solo quedará el susurro de la historia: el estertor de 1896 en un manglar habanero y el eco de una explosión en una sabana africana, fundidos en un único rumor. El 7 de diciembre, día de dos caídas, de dos geografías, de un solo luto, demuestra que la Patria no es solo el suelo que se pisa, sino también la idea por la que se es capaz de caer, y el recuerdo que se alza, tenaz, sobre el tiempo.

Jobabo rinde tributo a internacionalistas caídos en gestas africanas

En el marco del aniversario 129 de la caída en combate del Lugarteniente General Antonio Maceo Grajales, el pueblo de Jobabo protagonizó este domingo una solemne jornada de homenaje a sus hijos caídos en misiones internacionalistas en África, conmemoración que unió el legado independentista de Maceo con el sacrificio de una generación que, un siglo después, llevó solidaridad a otros pueblos.

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Una emotiva peregrinación que partió desde la Casa de Cultura municipal hasta el cementerio local revivió simbólicamente el mismo trayecto que siguieron, décadas atrás, los restos mortales de los diez jóvenes jobabenses que ofrendaron sus vidas durante las gestas liberadoras en Angola y Etiopía. A la marcha se sumaron familiares, pueblo en general y las principales autoridades locales del Partido y el Gobierno.

Ante el panteón que guarda los restos de “los caídos en la defensa de la Patria”, se desarrolló la ceremonia principal, donde el Primer Secretario del Partido Comunista de Cuba en el municipio, destacó la valentía y la abnegación de estos jóvenes mártires, enfatizando cómo “contribuyeron con su sangre a abonar la libertad de los países africanos”, a la vez que subrayó la mezcla de honor, orgullo y profundo dolor que embarga en una fecha tan significativa.

El acto de recordación incluyó la colocación de ofrendas florales en cada nicho y el conmovedor “pase de lista”. Ante la mención del nombre de cada internacionalista, la multitud congregada respondió al unísono con un firme “¡Presente!”, un grito colectivo que reafirma la convicción de que su memoria permanece viva, una especie de ritual que reivindica que los héroes están presentes en la historia local y en el corazón de sus familiares.

En esta jornada Jobabo entrelazó el tributo al Héroe de las Guerras por Independencia de Cuba, Antonio Maceo, con el reconocimiento a sus propios héroes contemporáneos, los caídos en misiones internacionalistas, reafirmando el compromiso de mantener viva la memoria histórica y los principios de internacionalismo y solidaridad que han caracterizado a estas generaciones de cubanos.