Al sur de Jobabo, en la provincia de Las Tunas, se extiende el área protegida de Monte Cabaniguán, un humedal que constituye uno de los ecosistemas costeros más valiosos de Cuba y del Caribe insular. Este sitio, indispensable para la biodiversidad nacional, sirve como punto de partida obligado para cualquier reflexión sobre la conservación de los humedales en la isla. El biólogo Manuel López Salcedo, al analizar estos temas, enfatiza la importancia de garantizar la salvaguarda medioambiental.
La relevancia de este refugio de fauna va más allá de su riqueza natural. Monte Cabaniguán es también un centro de actividad científica dedicado a la investigación y preservación de sus delicados equilibrios ecológicos. Los estudios que aquí se desarrollan son fundamentales para comprender y proteger estos entornos vitales.
Junto a la labor investigativa, en la zona se ha cultivado un vínculo esencial entre la comunidad y su entorno. Este ejemplo de convivencia subraya la importancia crítica de la educación ambiental, demostrando que la protección efectiva de la naturaleza requiere del compromiso y la conciencia de las poblaciones locales.
Monte Cabaniguán destaca en cómo la protección de los humedales no es solo un asunto ecológico, sino una necesidad integral que combina ciencia, gestión comunitaria y política ambiental donde la ciencia, la educación y la acción humana convergen para defender un patrimonio natural insustituible.
Para comenzar, ¿podría explicarnos qué se define técnicamente como un humedal costero y cuál es la importancia particular del área de Monte Cabaniguán?
Manuel Loperez Salcedo:
“Se define como extensiones de marismas, pantanos, turberas o aguas de régimen natural o artificial, permanentes o temporales, estancadas o corrientes, dulces, salobres o saladas, incluyendo las extensiones de agua marina cuya profundidad en marea baja no exceda de 6 metros. En el caso nuestro de Monte Cabaniguán, el humedal costero que abarca la zona de manglares, esteros y lagunas interiores, así como 500 metros de la franja de mar, reviste gran importancia para la avifauna presente en el territorio, así como los recursos económicos que se utilizan principalmente las pesquerías marinas. La relevancia de este refugio de fauna va más allá de su riqueza natural.”
Más allá de su valor ecológico, entendemos que Monte Cabaniguán es también un centro de actividad científica. ¿Cómo está organizada la labor investigativa y de protección en el área?
Manuel Loperez Salcedo:
“Monte Cabaniguán es también un centro de actividad científica dedicado a la investigación y preservación de sus delicados equilibrios ecológicos. Los estudios que aquí se desarrollan son fundamentales para comprender y proteger estos entornos vitales. El área cuenta con tres estaciones biológicas donde existe personal permanente que se dedican al estudio y protección de los ecosistemas y de sus principales especies.”
“En ella laboran 18 trabajadores en turno de 15 días que se hacen los relevos en las estaciones, más el personal especializado que realiza a cabo las investigaciones. Además de las estaciones biológicas existe un personal en el proyecto de protección que desarrolla recorridos terrestres por todo el ecosistema con el objetivo de proteger tanto los recursos forestales como de importancia económica para el país. Humedales costeros y humedales terrestres.”
¿Qué tipo de ecosistema predomina en Monte Cabaniguán y cuáles son las especies más emblemáticas que se estudian allí?
Manuel Loperez Salcedo:
“En el caso nuestro es un humedal costero donde predomina cuatro especies de mangle principal, el mangle rojo, el mangle prieto, el pataban y la llana. Es un complejo de estuarios y lagunas interiores donde se alberga una gran cantidad y diversidad de especies tanto de aves como reptiles. Dentro de las principales especies podemos mencionar el cocodrilo americano que es la población nuestra constituye la mayor población de la especie dentro de su rango de distribución que se han realizado diferentes estudios por parte de biólogos tanto de La Habana como de Matanza como del territorio.”
“El caso específico de Manuel Alonso Tabay que ha realizado los principales estudios de cocodrilo vida libre que se han hecho en nuestro país. Además de los estudios hechos con el cocodrilo americano también se han llevado a cabo investigaciones relacionadas con la comunidad de aves acuáticas y tanto migratorias como permanentes que utilizan el refugio como sitio de alimentación o descanso durante las migraciones. Junto a la labor investigativa en la zona se ha cultivado un vínculo esencial entre la comunidad y su entorno.”
Precisamente sobre ese vínculo comunitario, ¿cómo ha logrado la comunidad de Zavalo involucrarse en la protección del humedal y qué beneficios obtienen de esta relación?
Manuel Loperez Salcedo:
“Este ejemplo de convivencia subraya la importancia crítica de la educación ambiental demostrando que la protección efectiva de la naturaleza requiere del compromiso y la conciencia de las poblaciones locales. La comunidad de Zavalo está concientizada sobre la importancia de proteger los humedales costeros. Ellos conocen de las funciones que los mismos realizan como protección contra huracanes, protección del litoral, brinda recursos para la alimentación de ellos mismos a través del uso sostenible que hacen ellos de la pesca.”
“Pueden hacer parte de sus necesidades a la hora de llevar un plato de comida a la mesa. Las comunidades de Zavalo además de la capacitación recibida a través del proyecto de educación ambiental que lleva a cabo en la UEB Flora y Fauna también reciben capacitación por parte del proyecto Mi Costa. Monte Cabaniguán destaca como la protección de los humedales no es sólo un asunto ecológico sino una necesidad integral que combine ciencia, gestión comunitaria y política ambiental donde la ciencia, la educación y la acción humana convergen para defender un patrimonio natural insustituible.”




