En Mejías, el ambiente está tenso. Casi una vuelta de calendario sin agua por la red, pozos colapsados por la sequía y poca asistencia desde las entidades e instituciones encargadas de resolver el problema, es lo que perciben los habitantes de este asentamiento rural de Jobabo.
«Yo pienso que eso no puede ser, porque el agua, que los más urgente, nosotros la necesitamos, yo tengo un pozo y todo el que necesita el agua yo se la doy. A cubo, cuando hay corriente arranco la turbina y todos llenan sus vasijas, quienes la necesite, pero hay que buscar una solución para Mejías, no puede estar sucediendo que la población esté todo el tiempo caminando lejos en busca del agua», manifiesta preocupada Rosalía Álvarez.

«Realmente Mejías vive una situación alarmante con el agua. Ahora llovió, pero los pozos están secos, no hay opciones» explica Enrique Suárez, presidente del Consejo Popular.
Pero, ¿Qué sucede en realidad con el agua en Mejías? «En agosto instalaron una segunda sumergible, porque ya anteriormente se había quemado otra. Esta última volvió a dejar de funcionar, la brigada de la provincia la llevó, según argumentan está en La Habana, no hemos tenido otra respuesta sobre el arreglo ni ninguna solución desde entonces», relata Javier Peña García, responsable del establecimiento de bombeo.
Argumenta que, en ocasiones, no lo suficiente, se ha enviado del municipio el combustible para una pipa, pero muy poco. «Podemos decir que este año se ha dado una sola vuelta de agua a la zona, a Mejías, entonces los pozos de aquí, por la escasez de lluvia, se están secando y es un problema».
Relatan en el lugar que el problema de la turbina es porque ese tipo de equipo llevaba un montaje híbrido, es decir, que pudiera alternar entre energía solar y la red eléctrica, pero los transformadores instalados en el lugar sobrepasaban la capacidad y no era posible realizar este procedimiento. Esto lo dicen pobladores de Mejías, algo que no confirmaron los especialistas consultados, y se van por otra versión mucho más técnica relacionada con la gestión hidráulica.
Mientras tanto, Misael Avilés, un poblador de la zona, agotado del trabajo diario y dependiente de las bondades de quienes todavía tienen pozos más o menos fértiles, tiene que recorrer casi un kilómetro con los porrones al hombro diariamente hasta un extremo del barrio.
«De 700 a 800 metros, y gracias a que ella (refiriéndose a la dueña del pozo) nos deja coger agua, gracias, porque si ella dice que no, y cuando se va a trabajar decide trancar el patio y decir que no puede coger agua la gente, nos chivamos» dice preocupado, mientras se aleja con un enjambre de porrones vacíos.
Al regreso, ya agotado y sudoriento expuso: «Que tengan agua que más o menos la gente pueda consumir, son solo dos pozos en todo el barrio, el resto está demasiado distante, en fincas de campesinos u otros barrios. Dentro del radio de acción de la comunidad todos los pozos están contaminados y no sirven para tomar, hay muchas letrinas. Es un fenómeno, y entonces no hay ni cloro para echarle».
Así como él decenas de personas tienen que recorrer esas distancias, y más largas, con cubos y tanques a cuesta, algo que preocupa en un asentamiento donde más de la mitad de la población está envejecida y no pocos habitantes presentan determinada discapacidad, enfermedades o trabajan en áreas alejadas.
Precisamente los casos más complicados están en los hogares donde hay ancianos y personas postradas. Entre las vivencias más fuertes está la de Esperanza Santiesteban Morales, desgastada por los años y por el diarismo de una labor hogareña que le sigue chivando los huesos: cargar agua. Relata que tiene que hacerlo porque vive junto a su hija postrada, no tiene a nadie que le ayude, y su hogar demanda mucha más agua que otras viviendas.
Es preocupante que no se percibe sensibilidad con estos casos, que lógicamente llevan una atención diferenciada, pues el relato de Esperanza no se queda en esa simple preocupación por el sistema de bombeo, sino por lo que le sucedió la última vez que distribuyeron agua en pipas.
«Se dijo que a la falta de la turbina iban a mandar una pipa, le iban a dar el petróleo, pero que la pipa, una sola pipa no abastece lo que es el barrio de Mejía completo, porque son una pila de casas. Ya te digo, una sola pipa es lo que recorre el barrio de Mejías completo. Entonces se le había explicado a la población que donde hubieran personas postradas debía de entrar y debía de priorizar la entrega de agua. No es así, porque hay que cargarla de afuera del camino y no le da tiempo a uno a nada».
El este no es el único relato similar. Otros pobladores, durante el recorrido por barrio, manifestaron la misma preocupación, e incluso, la insuficiencia de que con una sola pipa solo alcanzaría a menos de un cubo de agua por habitante.
De acuerdo con datos compilados en la zona, con autoridades comunitarias y los propios pobladores de Mejías, desde que se dañó el sistema de bombeo sólo han distribuido agua dos o tres veces.
Los riesgos de un agua insegura
Aunque no se han dado casos documentados de enfermedades asociadas a los usos del agua no certificada, es conocido que no se está consumiendo de fuentes de abasto con calidad que haya sido avalada por el personal de Higiene y Epidemiología, expone el doctor Luis Manuel Batista Rodríguez.
«Eso afecta a la población principalmente porque, ¿qué pasa? A la hora de almacenar el agua, pasan días y días en un recipiente. A veces esos pozos no están certificados por la parte de higiene como aptos para el consumo, pero bueno, aún así, incluso dándole las charlas a la población para que ellos hiervan el agua, la purifiquen de alguna forma, no siempre cumplen con estas medidas. Lo otro es el tiempo que se pasa almacenado. No todo el mundo tiene la conciencia de tapar ningún tanque, puede proliferar entonces la aparición de enfermedades como Arbovirosis, dengue, zika… y eso sí afecta el estado de salud de la población. Hasta ahora no se han reportado casos, algún caso práctico de diarrea que puede estar relacionado con el consumo de estas aguas, pero en específico así brote o algo, no ha habido casos. De hecho, la Arbovirosis así no ha aparecido y los casos fuertes han focalizado sin infecciones agudas».
Aunque la ¨suerte¨ ha tocado el barrio, los riesgos son disímiles, no solo por las arbovirosis, sino por otros padecimientos asociados a un consumo de agua que puede ser no apta para el consumo, sea por cuestiones biológicas o químicas.

Para una comunidad rural envejecida el esfuerzo por acceder al agua potable se convierte en un problema latente prácticamente para cada hogar. La distancia, la carga y la falta de respuestas y de soluciones son una eternidad.

Sin agua y… sin respuestas ni soluciones
«La situación de aquí del agua es crítica, de eso ya va a ser casi un año, nosotros estamos sin agua y no nos dan respuestas, solo que la turbina está en La Habana, que no tiene arreglo, que no sé qué…, no sé cuánto…, siempre es el mismo tema, el tema ese no cambia» expresa Yusmila Meriño, quien asegura haber llamado a todos los factores involucrados, incluyendo el Gobierno Provincial.

Expone que «Desde noviembre, y fue ahora que nos mandaron una pipita de agua. Que yo creo que todo el mundo no debe haber cogido agua. Hará tres o cuatro días, más o menos. Aquí estamos buscando en los pozos por ahí. El agua ni sirve y el pozo que tenga un poquito de agua, porque la mayoría de los pozos se han secado, y el que te dé un poquito de agua hay que correr, y es solo para lo imprescindible, porque no todo el mundo da, por lo menos para animales. El agua es solo para el consumo, el poquito que te resuelven. Es un pésimo lo se está pasando con el agua aquí».

La realidad es que no hay soluciones hasta el momento, ni una respuesta clara de cuándo la habrá. Marciano García, director de Acueducto y Alcantarillado, no da una señal clara al respecto «Se nos han quemado dos equipos, y eso es de la matriz energética, eso realmente el municipio no tiene posibilidad de resolverlo. Ya está para La Habana el equipo de bombeo, lo vemos toda la semana en la videoconferencia con el Secretario del Partido de la provincia, con la dirección nuestra provincial. Todavía no está la solución».
«Nosotros dentro de las posibilidades, de vez en cuando le damos un poquito de petróleo para ir minimizando la situación allí con una pipa, darle a los casos fundamentales, realmente hoy no tenemos los equipos de tracción nuestros, el tractor no tiene neumático, no tenemos posibilidades de tirar agua a Mejías, realmente en la cabecera municipal nos absorbe todo el tiempo, la otra pipa que tenemos no tiene neumático, no tiene batería, no tiene todavía el somatón, quiere decir que nosotros para Mejías, localmente hoy no tenemos una variante», pondera.
La mayor complejidad con el equipo de bombeo, además de las carencias reales de recursos, es burocrático, pues por estar insertado en un programa energético, no pudo revisarse localmente por especialistas que, como han hecho con otros equipos similares, tal vez hubiesen podido repararlo.
Si bien en diversos espacios de análisis institucional se ha abordado el tema, en ninguno se ha debatido con fuerza la posibilidad de soluciones o alternativas que acaben de transformar ese panorama de incertidumbre que viven los pobladores de Mejías, donde cerca de medio millar de personas están prácticamente sin acceso a agua potable. Mientras tanto, Esperanza, Yusmila, Leidis, Javier, José, Ernesto… y una larga lista de personas seguirán con los cubos al hombro detrás de lo más vital para la vida: el agua.
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