Evia Reyes Fernández es maestra del Consejo Popular Melanio Ortiz, desde temprana edad desarrolló la pasión por enseñar y ha desempeñado esta labor por más de cuarenta años. Hoy imparte clases a niños de primero y segundo grado con la misma destreza de cuando era joven.
Los deseos de contribuir ante el déficit de maestros la hicieron reincorporase a la labor que realmente disfruta, ella es el alma de la escuela, la primera en llegar a recibir a sus hijos de otras madres, la que busca incesantemente la forma más jovial para que los pequeños aprendan los contenidos impartidos.
Evia, ¿cuándo comenzó su pasión por enseñar por el magisterio?
Eso fue locura. Fíjate que yo me acuerdo y me da ganas de llorar. Mi mamá me hacía muñequitas de tusa, que nos hacía a mi hermana y a mí. Entonces mi hermana cogía a inyectarlas, a vacunarlas. Y yo me las quería tragar dándole clase.
Y quería reventar las muñecas para que las muñecas me hablaran. Y entonces así fue como fui desarrollando aquel interés. Y lo logré.
¿Y cómo llegó a estudiarla siendo ese sueño de niña?
Tú sabes que antes la vida era difícil. No es como la oportunidad que tienen ahora los jóvenes. Entonces yo comencé en una escuelita en el Aguacate. Trabajando de ayuda técnica. Empecé con una maestra de experiencia pagándome 30 pesos mensuales. Y mis hermanos me decían, qué boba tú eres Y digo, no, ahí a mí me gusta.
Y después me subieron a 35 pesos. Me acuerdo que con los 35 pesos me compré un anillito. Tenía a mi mamá y mi papá, pero bueno. Y de ahí seguí, seguí. Empecé a estudiar en la formadora de maestros. Como aquello era cada 15 días íbamos y así.
Ya después tuve que dejarlo, me casé. Salí embarazada, pero no dejé de estudiar. A veces venía del kilómetro 7 a pie hasta aquí hasta el Aguacate. Y al otro día tempranito me iba. Y así logré graduarme. Tuve mi primer bebé. Ya se me dificultaba mucho y no quise seguir estudiando. Me quedé graduada.
No soy licenciada. Pero bueno, no le envidio nada a los licenciados. ¿Me entiendes? Porque llevo 47 años en educación.
¿Cómo fue llevar el ser madre con ser madre también de hijos de otros?
Bueno, a veces yo pagaba para que me cuidaran al bebé. Me dieron la licencia, pedí la licencia y me incorporé a trabajar. Entonces yo pagaba. Y a veces la que me lo cuidaba no podía y yo me lo llevaba para la escuela. Llevaba un colchoncito y cuando el bebé se me dormía yo lo acostaba en una esquinita y así salí adelante.
Hoy está reincorporada.
Me jubilé. No me quieren soltar de primero y segundo. No sé por qué, digo, no se puede casar uno. Y entonces me jubilé y ya llevaba casi 5 años jubilada. Y al ver la situación de los maestros. Me hablaron y yo que no y que no, pero que la directora de aquí, es nuera mía. Y entonces ella vino y se lo dijo a mi hijo.
Mi hijo vino y me convenció. Digo, bueno, lo voy a hacer por ella. Voy a trabajar 6 meses nada más hasta que ustedes encuentren algo. Entonces en enero del año pasado. Digo 6 meses, pero cuando llegaron los 6 meses me envolvieron. Y seguí y aquí estoy.
Ya llevo dos cursos. Y nada, me va bien, pero soy muy exigente y me gusta lo mío. No sé, a mí esto me gusta. Cuando tú ves que tú coges un niñito del primer grado y ya tú empiezas por las letras y te leen mamá, te leen papá, te leen con la T. Tú te sientes satisfecha porque me gusta.
Tengo dos hijos y dos nietos. Tienen un buen nivel, uno en Las Tunas que trabaja, tiene un buen trabajo. Y tengo un nieto también que ya tiene 15 años, que está estudiando. Están por la fila. El más chiquito que vive aquí es hijo de la directora es deportista. Le gusta desde chiquito y yo le dije a mi hijo, bueno, vamos a ver. Mira, tu mamá empezó donde le clase una muñeca. Y mira, no me quieren soltar.
Son disciplinados, pero yo cada vez que los cojo en la mano, les pongo el ejemplo. Mi papá fue combatiente. Yo tengo medallas. Entonces yo se los enseño y les digo los caminos. Me gusta mi trabajo.
¿Y esas medallas que me estaba hablando de qué etapa de su vida son?
A ver, me la dieron una cuando, creo que era dos años que llevaba trabajando. Después me dieron una de cinco. Y la última no me recuerdo. Sí la tengo ahí guardada. Todas vienen siendo por la docencia como tal, el magisterio. Por los años de experiencia.
No me gusta que me regañen. Y porque no me gusta que me regañen, trato de hacer bien las cosas. No me gusta llegar tarde. Mira, yo vivo ahí. Me pongo a barrer, que no debo hacerlo, pero me pongo a organizar empiezan a llegar los muchachos, cuando los veo que están corriendo, los mando. Ven, coge el libro.
A ver, vamos a sacar las banderitas, porque aquí cada maestro tiene un día de guardia. A mí me tocan los lunes, pero todos los días yo estoy de guardia. ¿Ves? Porque no me gusta es mi centro de trabajo. Y lo siento como mi casa
Y entonces, ya te repito, me gusta mi profesión. Los padres están muy contentos conmigo.
Para nadie es un secreto de que las cosas están difíciles, pero hay que sobreponerse a eso. Yo le digo a mis alumnos, no me hablen que llegaron tarde porque no hay corriente, porque yo tampoco tengo. No me hablen porque su mamá está cansada del fogón de leña, porque yo tengo fogón de leña y llego temprano.
¿Cómo lleva usted el tercer perfeccionamiento de la educación?
Bien. Me estudio mucho los programas. Estudio los libros. Cuando tengo alguna duda voy para la dirección, y le digo, no me regañen. Y empiezan a reírse.
Yo necesito que me expliquen esto. Y por esa parte no soy muy bruta porque, a ver, ellos me dan un toquecito y ya.
Mira, yo tengo mi mesa llena de libros. Este libro es el viejo nuevo y este es el del perfeccionamiento. No está forrado porque no se puede forrar el del maestro.
Y entonces, hasta es más fácil porque aquí viene todas las actividades. Mientras que en este tú lees una lectura y tienes que buscar preguntas. Está rico, está rico de eso hay que estudiarlo, tengo un niño que está en primer grado y yo ahí son tres. Y ahí yo me desvelo por la noche. No me lo vas a creer. Y digo, ¿qué yo hago con ese niño? Y le invento y a veces me pongo a bailarle.
A ver, vamos a bailar con la A. Acuérdate, la que se ríe mucho es la E. Mira, que la O es gorda y a ella le gusta comer mucho, igual que tú. Y mira, he logrado que aprenda las vocales. Y es bonito
La consagración y entrega a la labor de enseñar caracterizan a Evia Reyes Fernández quien procura una sonrisa para sus alumnos, la clase convertida en juego que garantizará la fijación del contenido y la satisfacción de ver leer, escribir y contar a sus pupilos.



