Santiaga Venero Pérez de Jobabo, Las Tunas, es una de las féminas que enfrentó al cáncer de mama hace 28 años atrás, nos ofrece su testimonio ahora que ya está curada. Lo hace contenta, orgullosa y con la serenidad que le ha dado el paso del tiempo, después de enfrentar con coraje las sesiones de quimioterapia.
Pudiera ponernos al tanto acerca de ¿qué fue lo primero que usted sintió para detectarse tal enfermedad?
«Recuerdo que ese día me acosté, me revisé la mamá porque sí tenía costumbre de eso y en el lado derecho me salía un sobrehueso. Cuando eso yo trabajaba en el hospital, enseguida me vieron los médicos allí, me hicieron una biopsia de 14 puntos, detectaron que yo tenía el cáncer en el lado derecho. Cuando llegó el resultado me dijeron que podía seguir trabajando. Y al cabo de los tiempos mi hermana enferma de cáncer de mama también, pero fue tan tarde que cuando la operaron estaba en fase terminal y se murió. A los siete días, en el mes de septiembre de 1998, fíjense cuántos años pasaron. Yo pasé a la mano del doctor Carlos Rondón que no era oncólogo y me hizo una radical de mama en Las Tunas fue la operación. En el 2003 yo me sentí mucho dolor en el lado izquierdo. Y a partir de ahí comencé la consulta, todos los meses, me pusieron un suero, pero al cabo de los tres años un oncólogo, que no voy a decir el nombre porque él lo sabe bien, me dijo que lo que me habían hecho ahí no servía. Le dijo a mi hija, llévesela para Manzanillo, para que se muera ya, un mes de vida. Eso me traumatizó a mí, pero me fui para Manzanillo, con todo, hasta con el radio, fíjate, porque yo siempre vivo con el radio. Y cuando llego a Manzanillo, mi hermana me lleva con un especialista, me mandan directo para el hospital Celia, donde me hacen, hasta incluso me pasaron por somatón, me hicieron mamografía, me hicieron todo. Y el médico me dijo, usted lo que tiene es un quistecito en el seno amputado, que con este medicamento se va a curar. Bueno, vine para acá enseguida».
¿Qué sintió en ese momento al escuchar a otros profesionales del sector de la salud darle esperanza para continuar su vida?
«Significó mucho porque me dio más fuerza. Dije, tengo que vivir por mis dos hijos, que uno tenía seis años, y el otro tenía tres, porque desgraciadamente ya estaba separada del padre de mis hijos. Hice mi tratamiento, me dirigí al hospital Guevara y demandé al médico por el mal trato que me había hecho. Bueno, a él lo sancionaron con cinco años sin salir del país a cumplir misión y yo continué mi vida. La compañera que dios la tenga en la gloria Daisy, me incorporó al grupo de Alas por la Vida. Me pedía mucho que fuera a darles fuerza a otras mujeres que estaban ya en fase terminal. En el camino quedaron muchas, eso me dolía y yo le daba esperanza. Yo tenía el mismo problema y mira, lo resolví. Y todo fue así. Y al cabo de los años fueron pasando. Me volví cardiópata. Pero eso no tiene problema. Yo estoy más fuerte, todo el mundo sabe que yo llevo 42 años de trabajo. Y así con mi cáncer de mama, que ya está curado, gracias a Dios. Yo seguí viviendo y seguí cogiendo el paso a la vida».
¿El papel de la familia en esos momentos cuál fue?
«A mí me ayudaron mucho la familia, mis vecinos, que era ahí en Pedro Lantigua, que tengo muchos vecinos que quiero mucho, me ayudaron muchísimo. Hasta incluso hay una compañera que vivía ahí, también le hicieron radical de mama y yo le daba consejos. Le decía, mira, ve la consulta, no dejes de ir. Me fui para Manzanillo, allí mensualmente me atendían. Y después el médico me dijo, está de alta porque ya no tienes nada. Gracias a Dios salí y todos los días del mundo tengo más fuerza para seguir viviendo y tengo 74 años».
Y eso tampoco la desvinculó de la sociedad y tampoco de su centro laboral, ¿verdad?
«No, yo dejé el trabajo hace un año porque tuve que asumir la casa, porque mi hija se fue del país. Pero a mí eso no me quitaba nada. No puedo coger cosas con la mano izquierda porque se me caen, pero sigo adelante».
¿Qué mensaje quisiera transmitirle usted a otras féminas que sientan alguna sintomatología?
«Yo digo que si la mayoría de las mujeres se pusieran a pensar lo que es un cáncer de mama, todas se revisaran mensualmente o semanalmente en la cama, se sienten y tienen algo en el seno, que acudan al médico rápido, que todo a tiempo tiene remedio. Mírame yo, 28 años de operada, y gracias le doy a Dios y a los médicos también que me sacaron del bache ese grande, y le digo a todas las mujeres, no es a una sola, a todas las mujeres que se atiendan sus mamas, que eso es lo más delicado que puede tener uno. Quiero agradecer a la Medicina Cubana, al doctor Carlos Rondón, aunque esté fuera, pero le agradezco mucho, mi vida».
Santiaga Venero Pérez de Jobabo, Las Tunas ha resistido tratamientos duros, soportado el miedo con una fuerza asombrosa. Ahora es una mujer renovada, fortalecida, agradecida con la vida.



