Jobabo. – Desde la aplicación de las transformaciones del sector del Comercio y la Gastronomía, dictadas por el Ministerio del ramo hace más de un lustro y previa aprobación por el Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros, la idea era buscar nuevos mecanismos y fórmulas que contribuyeran a un cambio radical en las formas de hacer desde las direcciones administrativas hasta el último trabajador.
La esencia en cuestión era romper viejos patrones y esquemas, que más allá de garantizar estabilidad en las ofertas y los servicios, traía notables perdidas a las empresas y gatos imposibles de desacelerar a corto plazo.
En el caso de Jobabo, ante de los cambios, el centro de elaboración de la gastronomía recibía cada semana una alta cifra de productos cárnicos, repostería, pan y lácteos, que luego distribuía a las unidades del sector, las cuales procesaban y vendían en raciones a los clientes.
Como consecuencia de las transformaciones del sector todo aquello que venía por la canalita como dice el refrán cubano, desapareció, para entonces, introducir una nueva fórmula: la autogestión empresarial que da riendas sueltas a la compra de todo tipo de alimentos a formas de gestión no estatal y a otros actores de la economía.
Sin embargo, no siempre se gestiona lo suficiente o simplemente no se gestiona, lo que trae consigo un notable desabastecimiento en las unidades, lo cual se traduce en pocas o nulas ofertas destinadas a la población, de ahí que haya establecimientos gastronómicos que solo trabajan la mañana, mientras que otros permanecen cerrados.
Ejemplo de lo anterior son el Bazar, Las Tecas y La Popular, (esta última situada en las cercanías del Policlínico con Servicio de Hospitalización ¨14 de junio¨), por solo citar algunos. El primero de ellos, totalmente desprotegido con recursos, y salarios pagados sin un verdadero respaldo de ofertas sistemáticas.
La autogestión para proveer de alimentos y otros insumos de las direcciones de las Unidades Empresarial de Base (UEB) de la gastronomía local, también se enfrenta a un fenómeno que se hace cotidiano y que frena hasta cierto punto aspiraciones y deseos de un verdadero emprendimiento. Se trata de la negativa de la mayoría de los actores económicos privados de aceptar los pagos mediante transferencias.
Lo anterior es un problema de país cuya dirección deberá dictar normas y mecanismos que obliguen a los no estatales a tranzar con los estales para viabilizar tal situación, de lo contrario, las transformaciones, de las que tanto se habló en etapas anteriores, solo quedará su nombre.
No obstante, a ello, también falta más comprometimiento, emprendimiento, acción y autogestión de las direcciones de la UEB en busca de un notable incremento de las ofertas dirigidas a la población, y al mismo tiempo garantizar la formación de salarios para sus trabajadores, con repetitivos retrasos en los pagos mensuales.
Esa no es la gastronomía que necesita la población. Tampoco ello forma parte de las transformaciones que experimenta el sector y que en nada se acerca a la idea original y las aspiraciones para lograr un comercio que verdaderamente represente al pueblo en toda la dimensión posible.
Por otra parte, las direcciones de las UEB de la gastronomía tienen que ser más enérgicas en la autogestión. No hay razón para que falten refrescos y otros alimentos cuyas materias primas existen localmente.
Es inadmisible que, en plena cosecha del mango en ninguna de las unidades de la gastronomía del municipio, al menos, del área urbana, no haya jugo, aunque sea al tiempo por no existir estabilidad en el servicio eléctrico, el cual no permite su total enfriamiento.
La falta de autogestión no puede seguir siendo la causa principal de los bajos niveles de ofertas que padece esa red popular a nivel local. Será preciso mayor exigencia desde la dirección de la Empresa Municipal, a fin de corregir todo tipo de falla y que ello se revierta en mayor presencia de alimentos y con la calidad requerida.



