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Falta de Trabajadores y Medios Básicos Afecta el Servicio en el Cementerio Municipal de Jobabo

El Cementerio Municipal de Jobabo enfrenta una crisis operativa que compromete su funcionamiento y el servicio que brinda a la población en momentos de duelo. La institución, encargada de una de las labores más sensibles para la comunidad, se ve afectada por múltiples carencias que obstaculizan el trabajo diario y la dignidad que merecen los difuntos y sus familias.

Esta situación ha generado una creciente preocupación tanto entre los trabajadores que permanecen en sus puestos como en las familias que acuden al recinto.

La problemática central radica en una severa escasez de trabajadores, muchos de los cuales han abandonado sus plazas. Las causas principales son los bajos salarios, insuficientes para retener al personal, sumados a la falta crónica de medios de protección básicos.

Los empleados carecen de elementos esenciales como guantes quirúrgicos, así como de sustancias desinfectantes indispensables para garantizar la higiene, entre ellas alcohol, cloro y detergente. Esta falta de condiciones mínimas de seguridad y salubridad hace que el trabajo sea aún más arduo y riesgoso.

Escuche el reporte en vivo:

En diálogo con este medio, la administradora del establecimiento, Sandra Fillor, reconoció la difícil situación. Afirmó que los pocos obreros que continúan en sus puestos realizan “una labor digna de reconocer”, esforzándose por superar las adversidades diarias para ofrecer, en la medida de lo posible, un servicio decoroso a las familias en un momento tan delicado como es la pérdida de un ser querido y su posterior sepultura.

comunales

Por su parte, el Jefe del Departamento de Higiene y Necrología de la Unidad Básica Presupuestada Servicios Comunales en Jobabo, Jorge Leyva Simón, expresó su preocupación y profundizó en las causas estructurales. Leyva Simón relacionó la crisis con la carencia de alcohol desde hace más de 18 meses, el déficit actual de pinturas, fundamentalmente de color negro, y, sobre todo, recalcó que los bajos salarios son el factor clave que propicia la fuga de trabajadores. El directivo puntualizó que la situación de la plantilla es “puntual en el correcto funcionamiento del cementerio municipal”.

Ante este escenario, una mirada más cercana y una intervención urgente por parte de los decisores se vuelven imprescindibles. El cementerio municipal es uno de los servicios más esenciales y sensibles que se prestan en la localidad, y su estado actual no solo afecta a los trabajadores, sino que impacta directamente en el derecho de la población a despedir con dignidad a sus seres queridos. La pronta atención a estas problemáticas es no solo una necesidad logística, sino un acto de respeto hacia la comunidad de Jobabo.

Destacan protagonismo de las mujeres rurales en Jobabo

El asentamiento jobabense de El Nueve, enclavado en áreas de la Cooperativa de Créditos y Servicios Jorge Aliaga Peña, fue escenario hoy del acto municipal por el Día de la Mujer Rural, celebración, organizada por la ANAP en conjunto con la Federación de Mujeres Cubanas, que contribuye a dignificar los valores de quienes tienen y honran sus raíces campestres, reafirmando así el compromiso institucional con su desarrollo y bienestar.

Aunque la fecha a nivel internacional se celebra cada 15 de octubre, el homenaje en Jobabo un día después demuestra que no es tarde para reconocer la labor de las cerca de las asociadas que integran la agrupación campesina en el territorio y a las más de 10 mil féminas que residen en toda la zona rural del territorio.

En su intervención, Luzbel González Martínez, presidenta de la ANAP en Jobabo, destacó en la comunidad sede a un grupo de mujeres que se desempeñan con méritos en el quehacer comunitario y productivo local, y envió una felicitación al resto de las mujeres rurales de este municipio.

Ponderó además el quehacer multifacético de estas mujeres que son el pilar fundamental tanto en la producción de alimentos como en la estructura social de sus comunidades, sobre todo aquellas que con su incansable labor sustentan la economía familiar y las cooperativas, y su influencia es vital para la cohesión y el progreso de la vida en el campo.

En el acto se puso de relieve los invaluables valores que entrañan las mujeres rurales para la sociedad, su capacidad de trabajo y profundo conocimiento del campo como motores del desarrollo agropecuario local, así como su papel en lo económico, permeando las tradiciones, la cultura y la unidad familiar, tejiendo el entramado social que da identidad campesina.

El acto en la CCS Jorge Aleaga Peña se erige como un reconocimiento a la necesidad de continuar implementando acciones que fortalezcan el papel y reconocimiento a la mujer rural, mejoren su participación en la sociedad y visibilicen su protagonismo.

Cubanía y tradiciones en instituciones culturales de Jobabo

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Los instructores de arte de la Casa de Cultura Perucho Figueredo y los promotores culturales del municipio realizaron una actividad recreativa en el Rincón Cultural, dedicada a la Jornada de la Cultura Cubana.

En este espacio la instructora de arte Sailín Lamadrid realizó exposición de dibujos de su brigada artística, también hubo un intercambio con artesanas del municipio entre ellas Aida Varona, quien mostró varias de sus creaciones.

Asimismo, efectuaron una exhibición de guayaberas, traje que no falta en los jolgorios cubanos, símbolo de nuestras tradiciones e identidad, también se disfrutó de muestras de pinturas de diferentes artistas de nuestro territorio entre ellos Joaquín Naranjo Mayo, Cecilia Leyva Leyva, Liusannis Pérez la Rosa, entre otros.

Artistas aficionados acompañaron con música a la promotora de la zona rural de San Antonio  María Elena Bueno del Toro, quien deleitó a todos con bailes guajiros y trajes propicios para la danza, además mostró la esencia del ajiaco cubano en la tradición afrocubana al ostentar los collares de esta religión.

Igualmente, no pudo faltar en esa mañana el buen café, que como es tradicional fue hecho con leña y colado en colador como es habitual en nuestros campos.

Todos las muestras son insignia de nuestra tradición e historia, que año tras año se trata que no se olviden y el pueblo se impregne de ellas, porque si nos olvidamos de nuestra historia, nos olvidamos de nuestras propias vidas, de las raíces con que nacimos y de la esencia de ser cubanos, esa que nos acompaña siempre y nos identifica donde quiera que estemos.

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Ciencia e innovación en la gestión de Gobierno

Incluir la ciencia y la innovación en la gestión de gobierno territorial constituye un reto a cumplir en Jobabo, el cual debe sustentarse en la comunicación social, el desarrollo sostenible e informatización de las entidades gubernamentales, para ello es necesario lograr el funcionamiento del Consejo Técnico Asesor como órgano de consulta para estudiar y emitir recomendaciones relacionadas con la actividad del Consejo de la Administración.

La segunda etapa correspondiente a la Segunda Edición del entrenamiento para los intendentes y su equipo de trabajo se desarrolla durante la presente semana en el aula interactiva del Instituto Politécnico Manifiesto de Montecristi, la directora de cuadros del Consejo de la Administración, Norelys Reina Ramos explica el objetivo central del seminario.

Para comprobar el aprovechamiento de los temas impartidos el seminario concluirá con la presentación de trabajos de los intendentes y sus equipos de trabajo

Elena: Siento orgullo de ser mujer rural

Elena mujer ruralElena Nieves Hernández mira al horizonte desde su finca en Jobabo y lo dice con una certeza que solo dan los años: “Me enorgullezco de ser una mujer rural”. Para ella, cada amanecer trae un nuevo quehacer, un aprendizaje distinto y la reafirmación de un legado que hunde sus raíces en la tierra. Su vida es un testimonio vivo de que volver al campo no es un retroceso, sino la reafirmación más consciente de la identidad.

Su historia comenzó entre potreros y senderos. “Estuve en El Bagá hasta los dos años. De El Bagá vine para San Antonio, que es ahí después de la pista de aviones. Ahí estuve hasta los 16”, recuerda. Aquella niñez transcurrió entre estudios y la responsabilidad precoz de ser hermana mayor. Mientras su padre trabajaba en la ganadería, a Elena le tocaba el rol de cuidar, guiar y sostener.

 

La rutina marcó su carácter desde temprano. “Mi vida estudiando en el campo con mis dos hermanos, una vida tranquila”, pero esa tranquilidad escondía una carga: “Yo, hermana mayor, me tocaba prácticamente todo”. Llevar a sus hermanos a la escuela, estudiar ella misma y buscar el alimento para los animales eran tareas cotidianas que forjaron su carácter.

A los 16 años, el municipio de Jobabo se convirtió en su nuevo hogar. Allí, la estudiante de campo se transformó en profesional. “Estudié la secundaria, luego me hice técnico medio en economía”. A los 18, empezó a trabajar en la oficina del carnet de identidad, un empleo formal que no logró apagar el llamado de la tierra.

El campo siempre ejerció sobre ella una fuerza gravitacional: “Me volví a trasladar para el campo, donde vivía mi papá, a Tres Marías”, relata. Fue un regreso a los orígenes, a lo esencial. “Y ahí tenía animales, vaca, puerco, chivo, gallina. Siempre luchando, porque me gusta el campo, me gusta tener y me gustan los animales”.

Hoy, la finca donde vive con su esposo, Francisco Tamayo, es el fruto de un esfuerzo compartido. Un espacio donde los oficios no entienden de géneros, sino de manos dispuestas. “En mi casa, ayudo a mi esposo a todo”, explica Elena, desafiando etiquetas. Desde trancar un ternero hasta desyerbar, no hay tarea que se le resista. “Todos los quehaceres del campo, no siendo ordinario. De ahí, todos yo los amo”.

La dualidad de su rol es un ejercicio constante de logística y voluntad. “No es fácil”, admite, “porque tengo que hacer mis quehaceres y coordinar que el tiempo me alcance para ayudar a mi esposo también en las cosas que son, por ley, trabajos de hombre, pero que la mujer lo puede desempeñar”.

Su día es un rosario de actividades. “Yo me levanto tempranito y hago los quehaceres del desayuno, recojo la casa para poder ir a ayudarle a cualquier cosa que tenga que hacer”. Reconoce sin tapujos la dureza de esta existencia: “Es verdad que la vida de la mujer rural no es fácil, es una vida complicada”. Un ritmo agotador que no la doblega.

Frente a las demandas de la tierra, Elena reclama con firmeza su derecho a la feminidad. “Les digo a veces así a las mujeres del campo: que porque usted sea del campo no tiene que dejarse morir’. Su filosofía es clara: “Puede arreglarse el pelo, puede tener uñas postizas, puede andar igualita que la del pueblo”. Para ella, el secreto está en una palabra: coordinación.

Sabe cambiar de piel según la necesidad. “En el campo usted tiene que andar así para protegerse”, dice, refiriéndose a su pañoleta, pamela y botas de goma. “Pero cuando vaya a salir ya doy otra imagen”, confiesa con una sonrisa. “Yo voy a salir y yo tengo mis uñas postizas y yo tengo mi pelo arreglado”. Es su manera de afirmar que la esencia no se pierde bajo el sol.

La vida en el campo también ha puesto a prueba su fortaleza con lecciones duras. Recuerda un ciclón que los azotó hace tres años: “Lo pasamos mi esposo y yo solitos, cada vez que venía una fugada de viento aquello no era fácil”. La memoria de la casa dañada y el fango aún la estremecen: “Aquello daba grimas, fue duro, no se me olvida”.

Pero es la adaptación la que tiene la última palabra. “Uno siente una alegría y siente deseos de seguir luchando”, afirma, su voz cargada de emoción. La recompensa llega al ver progresar lo suyo: “Cuando la paso y veo que mis animales no se me murieron y que todo va progresando me dan deseos de seguir luchando para volver a tener más”. Así, entre ciclones y secas, Elena sigue firme, porque para ella el campo no es solo un lugar, sino “un latido, un legado que se lleva en la sangre”.