La Delegación Municipal de la Agricultura en Jobabo celebró su asamblea de balance anual correspondiente al recién finalizado calendario. El espacio, más que un ejercicio protocolar, se convirtió en una radiografía incómoda pero necesaria del sector agropecuario local. Dirigentes, técnicos y productores coincidieron en que los números no siempre reflejan la realidad, pero cuando lo hacen, suelen doler.

“No podemos seguir justificando lo injustificable”, sentenció Julio Villa Verdecia durante su intervención, frase encendió los debates, pues apuntaba directamente a una práctica arraigada en disfrazar los fracasos con excusas climatológicas o de suministros de insumos cuando se sabe que se produce más de lo que se informa. De esta forma llamó a desnudar las estadísticas y a reconocer que muchos incumplimientos responden a falta de previsión y control interno en las fromas productivas, no solo a factores externos.
Uno de los puntos más fuertes fue el relacionado con la comercialización. “Aquí el problema no es solo producir, es cobrar a tiempo”, denunció Antonio González, presidente de la CCS Antonio Fernández, visiblemente molesto por los atrasos en los pagos a los campesinos. Su queja, argumenta, influye en los trámites administrativos lentos y los impagos recurrentes han generado desconfianza y descapitalización en las bases productivas.
El análisis reveló que esta situación provoca un círculo vicioso: sin liquidez, los agricultores no pueden invertir en insumos; sin insumos, la producción cae; y al caer la producción, se agravan los incumplimientos de contratos. La delegación reconoció que urge simplificar los procedimientos y garantizar la transparencia en los flujos financieros hacia el campo.
Ganadería en picada: números que alarman
El sector ganadero ocupó un lugar central en la crítica. “Estamos perdiendo masa vacuna y no reaccionamos con la celeridad que exige la emergencia”, advirtió Julio Machado López al referirse a los indicadores reproductivos. Los informes mostraron una preocupante reducción del hato, vinculada a deficiencias en el manejo integral de los animales, baja cobertura de pastos mejorados y falta de vigilancia sanitaria.
No hay buena atención ganadera, no se cumple con el manejo, refrió Addabelis Zamora.
Machado López insistió en que no se trata solo de más recursos, sino de aplicar tecnologías ya disponibles y de cumplir los calendarios de una atención pecuaria que urge darle más que una mirada controladora.
En el análisis agrícola, Julio Villa puso el dedo en la llaga al afirmar: “La falta de combustible y fertilizantes es real, pero no puede ser la excusa para el descontrol interno”. Su intervención abrió la puerta a debatir aspectos subjetivos que agravan el panorama: desde la ausencia de juntas directivas funcionales en varias unidades hasta la nula rendición de cuentas en algunos colectivos.
Se mencionaron casos concretos de tierras ociosas dentro de cooperativas que sí recibieron recursos, y de planes de siembra incumplidos sin que mediara sanción alguna. La conclusión fue contundente: sin disciplina organizativa, cualquier inyección de insumos será estéril.
Como primer secretario del PCC en Jobabo, Osmel Osorio López no eludió su responsabilidad. “Hay soluciones a la vista que no aplicamos por falta de exigencia”, afirmó. Se refería a prácticas como el uso eficiente del agua, la reconversión de áreas improductivas y el rescate de bancos de semillas locales. Según Osorio, muchas respuestas no requieren grandes inversiones, sino voluntad política y seguimiento diario.
El dirigente llamó a no esperar por milagros externos y a explotar las potencialidades endógenas. “Si cada unidad produjera al mínimo de su capacidad, hoy no estaríamos discutiendo déficits”, subrayó, y pidió involucrar a las bases en la fiscalización de los planes.
Oscar Alberto Martínez, responsable agroalimentario del PCC, puso el acento en la protección de la fuerza laboral. “Un campesino desmotivado no rinde ni con el mejor tractor”, dijo. Señaló que los salarios atrasados, las malas condiciones de vivienda en zonas rurales y la falta de estímulos morales han provocado migración interna y envejecimiento del sector.
Martínez propuso recuperar sistemas de pago por resultados visibles y rescatar el reconocimiento público a los productores destacados. A su juicio, sin capital humano comprometido, todos los planes técnicos quedan en letra muerta.
El viceintendente Miguel Quezada Clark fue claro: “No podemos auditar por auditar; hay que auditar para corregir”. Denunció que muchos controles se convierten en trámites inútiles que quitan tiempo al productor. Abogó por un sistema de supervisión ágil, con indicadores simples y frecuencia razonable, que realmente detecte desviaciones tempranas.
Quezada Clark también instó a los directivos municipales a salir más a las parcelas. “Los problemas no se resuelven desde el escritorio”, enfatizó, y prometió que el gobierno local priorizará la reducción de la carga burocrática sobre los campesinos.
Desde la presidencia de la CCS, Antonio González Cartaya reconoció dificultades internas. “A veces nos quedamos en el reclamo y no bajamos a ver dónde está el tapón”, confesó. Señaló que muchas cooperativas han perdido el hábito de la autofiscalización y que las asambleas de afiliados son meramente informativas, no deliberativas.
Propuso rescatar las visitas de ayuda técnica entre cooperativas vecinas y restablecer los concursos de eficiencia productiva. “Tenemos que volver a la sana competencia, la que nos hacía crecer”, afirmó, y pidió a la Delegación de Agricultura acompañamiento más puntual.
La presidenta de la ANAP, Luzbel González Martínez, cerró el bloque de intervenciones con una frase lapidaria: “Los campesinos no queremos que nos den soluciones; queremos que nos dejen aplicarlas”. Denunció que muchos programas fracasan porque se diseñan desde las oficinas sin consultar a quien labra la tierra. Reclamó espacios reales de decisión para los productores en los consejos de desarrollo municipal.
González Martínez también alertó sobre el envejecimiento del campesinado y la falta de relevo generacional. “Si un joven no ve futuro en el campo, por más subsidios que pongamos, no se quedará”, advirtió, y llamó a crear escuelas de oficios agropecuarios en las propias cooperativas.
Tras el debate, la asamblea concluyó que Jobabo tiene un diagnóstico claro y soluciones identificadas, pero adolece de ejecución sistemática. Se acordó conformar comisiones de seguimiento que verifiquen mes a mes el cumplimiento de los compromisos adquiridos, con especial énfasis en la recuperación ganadera y la simplificación comercial.
El tono final no fue triunfalista, pero sí esperanzado: los participantes coincidieron en que el principal lastre no es la falta de recursos, sino la dispersión de esfuerzos. “Sabemos lo que hay que hacer. Ahora falta hacerlo”, resumió un productor anónimo entre el público, y la frase quedó como epílogo no oficial de la jornada.
La Delegación Municipal de la Agricultura se comprometió a presentar avance con indicadores verificables. Mientras tanto, los dirigentes locales del Partido y el Gobierno se han propuesto visitar al menos dos unidades productivas por semana, sin previo aviso, para constatar in situ la transformación.
El reto es mayúsculo, pero los protagonistas insisten en que Jobabo puede revertir sus índices si logra articular voluntades. El campo no espera. La tierra, fiel a su costumbre, sigue dando frutos a quien la trabaja con conciencia. Ahora falta que las estructuras administrativas estén a la altura de esa exigencia silenciosa pero implacable.




