Hoy, 16 de enero, el programa cubano Educa a Tu Hijo celebra su 34 aniversario, consolidado como la vía no institucional fundamental para la atención y preparación de los niños y niñas que no asisten a un círculo infantil. En Jobabo, este proyecto ha tejido una red de esfuerzos conjuntos entre familias, educadoras y actores sociales para forjar el desarrollo integral de la primera infancia en el territorio.
Con motivo de esta fecha, conversamos con Yesmi García Ramírez, jefa del nivel educativo de la primera infancia en el municipio, quien compartió la evolución, los logros y los desafíos de esta iniciativa.
Una Evolución Satisfactoria y un Aporte Fundamental
Al reflexionar sobre la trayectoria del programa, García Ramírez destacó su evolución. “El programa ha tenido una evolución satisfactoria a lo largo de sus 34 años, consolidada fundamentalmente por la preparación que han ido adquiriendo las familias para que, a partir de sus conocimientos y saberes, estimulen el desarrollo integral de sus niños en condiciones del hogar”, afirmó. Subrayó que esta es una máxima que se ha logrado a plenitud en cada comunidad y se verifica en las evaluaciones periódicas de los logros del desarrollo de los infantes.
Cobertura y una Red de Apoyo en Cifras
En cuanto a la estructura actual en Jobabo, la especialista detalló: “Hoy nuestro territorio cuenta con una población infantil atendida en el programa de 984 infantes”. Para trabajar con ellos, explicó que se dispone de una red compuesta por “25 promotoras de educación, promotores culturales, de salud, los médicos de los consultorios… que en la totalidad son 175 ejecutores”, los cuales atienden a 205 grupos distribuidos en las comunidades.
Estrategias Innovadoras para Enlazar Familia y Comunidad
El programa se sustenta en la corresponsabilidad familia-comunidad. Sobre las estrategias para fortalecer este vínculo, especialmente en contextos complejos, García Ramírez compartió experiencias exitosas adaptadas a los nuevos tiempos. “La conformación de diferentes grupos de WhatsApp ha sido una vía fundamental para preparar a la familia”, señaló, explicando que esta herramienta permite distribuir información y hojas de trabajo cuando las condiciones epidemiológicas u otras dificultades limitan la asistencia presencial.
Además, mencionó otras iniciativas comunitarias: “Hemos creado buzones en las comunidades donde las familias entregan cuáles son sus principales dificultades y también sus experiencias y saberes, para ponerlas en función del resto”. Recalcó que, aunque se promueve la actividad colectiva, la atención individualizada en los hogares garantiza que ningún niño se quede sin estimulación.
Logros Concretos: Un Plan Único para la Primera Infancia

Al evaluar los resultados concretos, la jefa educativa enfatizó la equidad del programa. “Es bueno que nuestras familias conozcan que Educa a Tu Hijo, aunque se realiza de manera no institucional, cumple con el mismo plan educativo de la primera infancia que se aplica en los círculos infantiles”, afirmó. Este esfuerzo, dijo, ha rendido frutos: “Hemos visto el cumplimiento de los objetivos en cada una de las cinco dimensiones que enmarcan nuestro plan. Nuestros niños son capaces de conocer el mundo natural, establecer comunicación, relacionar conceptos… sin necesidad de llegar a la vida institucional, porque la familia está preparada para lograrlo en el hogar”.
Desafíos y Proyección de Futuro
Todo programa de larga data enfrenta desafíos. García Ramírez identificó el principal reto actual: “Lograr la asistencia sistemática de las familias con los niños a las sedes”. No obstante, aseguró que la prioridad es garantizar que “ninguno de nuestros niños se quede sin esa atención educativa”, llegando a cada hogar para consolidar los objetivos del plan de estudio.
Al celebrar su aniversario 34, Educa a Tu Hijo en Jobabo no solo mira con orgullo su historia, sino que se proyecta hacia nuevos horizontes. La cooperación intersectorial y la innovación metodológica, como el uso de tecnologías y canales comunitarios creativos, seguirán siendo claves para cultivar, desde los primeros años y en cada rincón del territorio, el futuro de las nuevas generaciones.




El diagnóstico actual es alarmante: Jobabo pierde cada año el 10 % de su masa ganadera general, un ritmo de hemorragia que ningún ecosistema productivo puede soportar. Esta reducción sistemática ha deteriorado las capacidades de reproducción, ceba y leche hasta niveles críticos. Lo que antes eran hatos de cien cabezas hoy apenas reúnen ejemplares flacos y desnutridos. La sequía prolongada —cada vez más intensa por el cambio climático— se ha aliado con la falta de inversiones y el desinterés administrativo para crear un círculo vicioso: menos animales significan menos ingresos, menos ingresos implican menos alimento balanceado, y sin alimento los pocos animales que quedan no se recuperan ni se reproducen. La ganadería jobabense agoniza, pero aún hay quienes se niegan a firmar la defunción.
La desesperación también ha abierto una puerta oscura: el delito. Antonio González, presidente de la CCS Antonio Fernández, denuncia con números el azote que más sangre les está drenando: el robo de ganado. En los últimos dos años han perdido más de 60 cabezas por abigeato. Se llevan una vaca preñada, un toro de cría, y la matan en el monte para vender la carne por debajo del precio oficial. González explica que los ladrones actúan con complicidad interna y con rutas de salida hacia otras provincias. “No tenemos ni un vehículo para patrullar los potreros por la noche. La Policía hace lo que puede, pero el municipio es grande y nosotros somos cooperativistas, no guardias”, lamenta.
Jobabo se enfrenta así a una encrucijada histórica: seguir desangrando su ganadería o apostar por un cambio de rumbo radical. Las palabras de Agen Expósito resuenan como un compromiso frágil pero necesario, mientras que la experiencia de Jorge Luis Almeida demuestra que, con manejo inteligente, es posible producir en condiciones adversas. Sin embargo, las advertencias de Carlos Peña sobre la sequía y las denuncias de Antonio González sobre los robos no pueden ser ignoradas. Luzbel González insiste en que el futuro está en la articulación entre el sector estatal revitalizado, las cooperativas fortalecidas y el campesino individual con acceso a servicios genéticos y financieros. Si Jobabo no detiene esa pérdida anual del 10 % de su masa ganadera, la pregunta del titular —¿Ganadería?— dejará de ser retórica para convertirse en epitafio. Por ahora, aún hay tiempo de escribir una historia diferente.