La esencia martiana en la niñez se manifiesta como un principio educativo y ético fundamental, que trasciende la mera retórica patriótica para convertirse en un pilar de la formación ciudadana en Cuba. José Martí, en su ideario, no concibió a los niños como receptáculos pasivos, sino como “la esperanza del mundo”, forjadores activos del futuro. Por ello, su esencia se traduce en un modelo pedagógico que enfatiza el cultivo de la dignidad plena del hombre, el amor a la patria con visión incluyente y humanista, y la importancia de la bondad, la justicia y el sentido del deber. Instituciones como la Organización de Pioneros “José Martí” y el sistema educacional cubano han institucionalizado esta herencia, promoviendo en las nuevas generaciones los valores de solidaridad, honradez y responsabilidad social que el Apóstol defendió.




