Con la prioridad de fortalecer las estrategias de prevención del embarazo adolescente y proyectar esa esencia multisectorial articulando roles de cada institución, se llevaron a cabo en Jobabo los primeros intercambios del Proyecto “Atención y Prevención al Embarazo y la Fecundidad Adolescente en Cuba 2026-2028”.
Durante las jornadas, coordinadores nacionales y locales afinan los mecanismos de implementación de un programa que, por primera vez aquí, integra de manera sistémica los enfoques de salud, educación, justicia y participación comunitaria.
Los talleres con los especialistas se centraron en el abordaje multifactorial y multisectorial del fenómeno, reconociendo que la fecundidad adolescente no es un problema exclusivo del sector salud.
Se debate sobre la articulación institucional y comunitaria, género y prevención, estereotipos y las relaciones desiguales, elementos que inciden en la toma de decisiones sexuales y reproductivas, el papel de la fiscalía y el marco jurídico, así como los roles específicos de cada institución en la protección de la adolescencia.
En paralelo, un espacio innovador reunió a adolescentes y jóvenes de la localidad en un taller lúdico y de juegos de roles, donde ellos mismos se convirtieron en los protagonistas del análisis.
A través de dinámicas participativas, los jóvenes expusieron sus intereses, prioridades y aspiraciones, revelando que el acceso a información clara, el respeto a la intimidad y la proyección de futuro son tan relevantes como el acceso a métodos anticonceptivos.
Este ejercicio permite a los coordinadores captar, en tiempo real, las percepciones y los mitos que persisten entre los adolescentes, evidenciando la brecha entre el discurso institucional y las necesidades reales de la población.
El proyecto sienta las bases para una intervención integral que no solo busca reducir las tasas de fecundidad, sino también transformar el entorno social y familiar que rodea a los adolescentes y jóvenes jobabenses, y define sus futuros.
“No se trata solo de dar charlas”
Tamara Roselló Reina, Oficial de Comunicaciones de UNICEF en Cuba, observa con atención los debates de los especialistas. Para ella, el salto cualitativo de este proyecto radica en la articulación sistémica.
“Históricamente, la prevención del embarazo adolescente se ha trabajado desde el sector salud con acciones puntuales. Pero hoy estamos ante un enfoque integral que reconoce que una niña o adolescente no decide su sexualidad o su proyecto de vida en soledad. Intervienen la escuela, la familia, el acceso a la justicia, las oportunidades laborales y el propio tejido comunitario. Lo que estamos haciendo en Jobabo es sentar las bases para que, de aquí al 2028, cada institución asuma su rol y no trabajemos en compartimentos estancos. La comunicación entre sectores es clave para que el mensaje llegue claro y a tiempo a quienes más lo necesitan”.
Roselló Reina subraya que el proyecto no nace de la ocurrencia, sino de datos duros y de la escucha activa a los territorios. Y Jobabo, con sus características rurales y su dinámica social particular, es el escenario perfecto para probar una metodología que luego pueda replicarse.
El arte de tejer redes en el territorio
En el centro de la ejecución está Ideynis Arismeendis Cruz, responsable del proyecto en Jobabo. Con una carpeta llena de mapas, cronogramas y actas de reuniones, ella es la que traduce la gran estrategia en acciones concretas para cada barrio y cada consejo popular.
“Aquí no venimos a imponer recetas. Venimos a escuchar a los actores locales y a entender cuáles son las verdaderas barreras que enfrentan las adolescentes en su día a día. ¿Es la falta de información? ¿Es el miedo a ser juzgadas? ¿Es la ausencia de espacios de recreación? Todo eso influye. Mi labor es coordinar que el médico de la familia, el profesor, el juez de menores y el líder comunitario hablen el mismo idioma y sepan que todos somos responsables de esa adolescente. Este proyecto nos obliga a salir de nuestras oficinas y a encontrarnos en el territorio. Esa es la riqueza”.
Arismeendis Cruz destaca que ya se están diseñando los primeros talleres interinstitucionales y que la participación de las propias adolescentes será el eje transversal de todas las acciones.
La mirada desde la economía y el desarrollo local
Puede sonar extraño que una especialista de comercio exterior hable de embarazo adolescente, pero Blanca Iris Santana Rvelo, especialista de Comercio Exterior en el Gobierno Municipal de Jobabo, tiene muy claro su rol.
“El desarrollo económico de un municipio no puede entenderse sin el desarrollo de su capital humano. Si una adolescente abandona la escuela por un embarazo no planificado, estamos perdiendo una potencial trabajadora, una emprendedora, una profesional que podría aportar a la economía local desde su talento. Desde mi sector, podemos vincular estos proyectos con programas de capacitación laboral y de inserción al empleo para madres adolescentes, para que no se vean excluidas del sistema productivo. Prevenir es también generar alternativas de futuro”.
Santana Rvelo insiste en que el proyecto tiene una pata económica que a menudo se descuida, y que su misión es abrir puertas para que las jóvenes no vean la maternidad como el único camino posible.
La salud pública en la primera línea
Jesús Martínez Matos, comunicador de Salud en Jobabo, es el encargado de que los mensajes preventivos no se queden en el consultorio. Sabe que la comunicación es una herramienta terapéutica y educativa.
“Nuestro reto es enorme. Tenemos que desmontar mitos, hablar de sexualidad sin tabúes y llegar a los adolescentes donde ellos están: en el móvil, en la escuela, en el parque. El sistema de salud tiene la experiencia en la atención clínica, pero ahora debemos potenciar la promoción de salud con un lenguaje fresco y cercano. Este proyecto nos exige formarnos en comunicación de riesgos y en escucha activa. No basta con dar la información; hay que asegurarse de que sea comprendida y apropiada por los jóvenes”.
Martínez Matos adelanta que se diseñarán campañas específicas para el contexto rural de Jobabo, aprovechando las radios comunitarias y los espacios de encuentro vecinal.

La voz de la experiencia: embarazadas y madres
Pero ninguna estrategia tendría sentido si no se escucha a las protagonistas. En los pasillos del taller, algunas embarazadas y madres de adolescentes accedieron a compartir sus historias. Sus nombres se mantienen en reserva por petición expresa, pero sus palabras retumban con fuerza.
“Yo tuve a mi hija a los 16 años. Fue duro, muy duro. Tuve que dejar la escuela y mi mamá tuvo que cuidar a la niña mientras yo buscaba trabajo. No quiero que mi hija pase por lo mismo. Por eso apoyo estos proyectos, porque yo no tuve quien me hablara claro de métodos anticonceptivos ni de cómo podía seguir estudiando. Ahora que estoy esperando mi segundo hijo, a los 22, sé que puedo pedir ayuda, pero muchas chicas no saben a quién acudir”, confiesa una joven madre.
Otra madre, cuyo nombre también se resguarda, agrega: “Yo le digo a mi hija que estudie, que no se apresure. Pero el miedo a que se embarace no lo puedo manejar sola. Necesito que la escuela, el médico y hasta el vecino estén pendientes. Me alegra que ahora haya un proyecto que nos una a todos”.
Una embarazada adolescente, de 17 años, participante de un grupo focal, comenta con timidez: “A veces en la casa no se habla de estas cosas, y en la escuela apenas tocan el tema. Me enteré de muchos métodos por redes sociales, pero no sabía si eran ciertos. Ojalá estos talleres lleguen a todas las jóvenes, porque muchas no se atreven a preguntar”.



