El Máster en Ciencias Domingo Álvarez Alzar, profesor del IPA Manifiesto de Montecristi de Jobabo, sostiene que la producción de humus de lombriz en pequeñas fincas es una práctica estratégica para alcanzar la soberanía alimentaria en Cuba. Con más de una década de experiencia en sistemas agroproductivos, Álvarez Alzar asegura que este fertilizante orgánico no solo mejora la textura física y química del suelo, sino que también fortalece a las plantas contra plagas y sequías. A diferencia de los fertilizantes químicos —hoy inaccesibles—, el humus puede obtenerse con recursos locales, aprovechando restos de cosecha y estiércol vacuno. El profesor insiste en la necesidad de capacitar a los productores en técnicas como la “prueba de caja” y el manejo adecuado del pie de cría para garantizar una producción eficiente y sostenible.
¿Por qué apostar por la lombricultura como eje productivo?
—En lo que respecta a la producción de humus de lombriz en una pequeña finca, estamos hablando de un proceso de vital importancia. Primero, porque rescatamos sistemas agrícolas que la naturaleza creó hace miles de años y que nosotros habíamos obviado por el uso intensivo de fertilizantes inorgánicos. Desde mi experiencia —lo que he estudiado, lo que he aplicado en el campo— puedo afirmar sin titubeos: no hay un fertilizante más importante en el ambiente agroproductivo que el humus de lombriz. Y es de muy fácil producción. Solo se necesita piedra, guía y materia orgánica. Porque todas las lombrices que viven en la tierra producen humus.
¿Todas las lombrices sirven para la producción de humus? ¿Cuál recomienda?
—Sí, todas producen, pero unas son más eficientes que otras. La lombriz californiana y la tailandesa roja son altamente productoras. La africana —esa gorda que usted ve cuando trabaja el campo— produce menos, pero también sirve. Si usted la coloca en un medio adecuado, automáticamente comienza a generar humus.

Explíquenos el proceso de producción de humus paso a paso.
—Mire, es muy sencillo. Primero, necesita un lugar para establecer el pie de cría. Puede ser un recipiente o un estanque, con la condición de que el agua sea controlada por usted, porque el proceso requiere humedad regulada para la descomposición de la materia orgánica.
Luego viene lo que llamo “la prueba de caja”. Consiste en tomar diez lombrices y colocarlas en el alimento que planea suministrar. Si muere una sola, ese estiércol o residuo no sirve. Así de riguroso hay que ser. El pH no puede ser muy ácido; debe ser básico, equilibrado.
Una vez que pasa la prueba, comienza a alimentar el pie de cría. En una finca cubana tradicional, por ejemplo, recomiendo instalar los restos de cosecha en un platanar. A la lombriz le encanta el plátano: le permite esconderse, resguardarse, reproducirse con enorme facilidad. Usted combina estiércol vacuno con tallos y hojas de plátano, y verá cómo la población se multiplica.
¿Cuál es el error más común al cosechar?
—Cosechar también tiene su ciencia. No es simplemente retirar el humus. Hay que manejar la humedad y la materia orgánica para no llevarse las lombrices que aún están en producción. Eso se aprende con capacitación. Nosotros mismos hemos impartido talleres sobre estos temas tradicionales, porque el momento lo exige.
¿A qué se refiere con “el momento lo exige”?
—El país no tiene condiciones económicas en este momento para importar fertilizantes químicos. Lo que debemos hacer es echar a andar todo lo que sabemos, con el apoyo de la ciencia y la técnica. No se trata de esperar insumos externos, sino de lograr una verdadera soberanía alimentaria, que aún está muy lejos de alcanzarse.

¿Qué le propone entonces a los productores?
—Les propongo que monten su propio pie de cría y produzcan humus de lombriz. No hay otro fertilizante en la tierra capaz de modificar simultáneamente la textura física y la composición química del suelo. Quien aplique humus, mejora las condiciones del terreno, aumenta los rendimientos y fortalece la defensa de las plantas contra plagas y contra la persistente sequía del cambio climático.
¿Hay otros usos del humus más allá del suelo?
—Por supuesto. Puede utilizarse como fertilizante foliar. Y algo que poca gente sabe: el exiliado de humus de lombriz genera un eczema que combate las esporas de la sigatoka negra y amarilla en el plátano. Permite un desarrollo más sano del plátano vianda, del plátano macho. Hay mucha tela por donde cortar con el humus.
¿Por qué entonces no se generaliza su uso?
Mire, en nuestro municipio hay un problema serio. La gente se ha dedicado a producir lo que da dinero, no lo que da alimento. ¿Da dinero la cebolla? Pues todos producen cebolla. ¿Da dinero el maíz? Todos producen maíz. Pero nadie mantiene en la finca una variación de alimentos que cubra el balance nutricional. La producción de hortalizas es muy deficiente, no hay granos, no hay diversidad. Y eso también es responsabilidad nuestra.
Algún mensaje final…
—Que no se queden con la duda. El que no entienda, que llame, que pregunte, estamos en el Politécnico de Jobabo dispuestos a ayudar en todo a los productores. Esto es claro: con humus de lombriz, el campo mejora, la comida aumenta y el país depende menos de lo que no tiene. Es cuestión de voluntad y de conocimiento.




