Justo cuando hacía poco del triunfo revolucionario de 1959, una fuerza sin igual se habría paso en la nueva Cuba: los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), pujante organización que involucra a la mayoría de los cubanos simpatizantes de nuestro proyecto social socialista.
El 28 de septiembre de 1960 el líder de la revolución, Comandante en Jefe, Fidel Castro Ruz daba a conocer al mundo la creación de esa institución, encargada de la defensa de los intereses del pueblo, en medio de no pocas campañas organizadas desde el exterior en coordinación con algunos desafectos internos que no aceptaron nunca la naciente república.
Desde su fundación, los miembros de los CDR cumplen importantes misiones en apoyo a la defensa de cada pedazo de suelo, apoyan las donaciones voluntarias de sangre, ayudan a la recogida de materia prima reciclable y participan en todas las tareas que se plantean a nivel de sus demarcaciones y desde la dirección nacional.
No se trata de un trabajo remunerado, sino de la voluntad estricta de un pueblo que ama la revolución y que está dispuesto a defender las conquistas sagradas que sustentan los principios que enarbolamos en más de sesenta y cinco años del triunfo, como la paloma que amamanta a sus polluelos.
La pujante mayor organización de masas del país cumple un año más de vida, y los que amamos la justicia social la reverenciamos y damos vítores por su rol en la sociedad, en la que nos desempeñamos, y cabalgamos resueltamente hacia un futuro mejor en busca de la consolidación de la paz que el enemigo nos quiere arrebatar.
Que los CDR recobren su misión, con el mismo espirito de sus inicios, depende de cada uno de los que no hemos renunciado a la revolución y nos mantenemos firmes al lado de la Patria, pese a las circunstancias que entorpecen el desarrollo económico y social que aspiramos y que merecemos.
Nuestra mayor organización de masas, creada por Fidel, hace sesenta y seis año, no está vencida ni obsoleta, sino que demanda renovación y fortalecimiento para continuar la defensa de la revolución, más ahora que el enemigo nos apunta al corazón para hacernos cambiar el rumbo.



