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Linnet y su satisfacción de contribuir a la reinserción del paciente a las actividades cotidianas

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Con el objetivo de resaltar la importancia del trabajo de los fisioterapeutas en la salud pública en todo el mundo, cada 8 de septiembre se celebra el Día Mundial de la Fisioterapia, oportunidad para crear conciencia acerca de la contribución crucial que hace esta profesión para mantener a las personas móviles e independientes.

La licenciada en Terapia Física y Rehabilitación Linnet Nieves García de Jobabo las Tunas, se desempeña en la Sala de Rehabilitación Integral que pertenece al Mayor Centro Asistencial del municipio, muy consagrada a su labor con 16 años de experiencia.

¿Por qué se inclina precisamente a usted por esta especialidad?

«Yo opté por esta carrera en el curso de superación para jóvenes porque me hablaron de ella y vi la posibilidad de devolverles a las personas que estaban discapacitadas o limitadas físicamente una reincorporación a la sociedad y a su vida funcional».

La Terapia Física y la Rehabilitación abarcan un campo muy amplio. ¿Cuál es la parte de su preferencia?

«La rehabilitación física es un campo muy amplio donde les brindamos diversos servicios a los pacientes. Entre ellos, terapias de masajes, de electroterapia, ejercicio, atención temprana, que es la atención que le brindamos a los niños menores de cinco años. Dentro de estos campos en el que más me gusta desarrollarme es en la electroterapia, que es el trabajo con los equipos eléctricos, por ejemplo como el ultrasonido terapéutico, el láser terapéutico, la magnetoterapia, porque puedo ver ahí la satisfacción del paciente por el alivio del dolor, por la estimulación a los músculos para poder caminar, desarrollarse normalmente».

Sabemos que su experiencia y sabiduría ha traspasado más allá de las fronteras cubanas. ¿Qué nos puedes decir, ya que cumplió misión internacionalista en otras naciones?

«Dentro de estos 16 años de servicio brindado a la población, cumplí misión internacionalista del 2012 al 2014 en la hermana República de Venezuela, donde desarrollé mi trabajo con satisfacción. A pesar de las diferencias que existen entre la cultura cubana y la venezolana, siempre fue nuestro objetivo brindar el mejor servicio a la población, que la satisfacción de la población fuera lo primordial para nosotros y para ellos, y bueno, que los lazos que existen de hermandad, de humanidad y de solidaridad entre nosotros se fortalezcan con nuestro servicio y nuestra ayuda».

¿Qué se siente dedicar tantos años de su vida a contribuir a mejorar la salud del pueblo?

«Es una satisfacción infinita ver personas que por una razón determinada no pueden caminar, no pueden tener una vida social normal, reincorporar a estas personas a esa sociedad, quizás no con toda la capacidad, con una actividad independiente para actividades de la vida diaria, que sean totalmente independientes y que puedan llevar una vida lo más normal posible. Es una satisfacción».

¿Algún mensaje que quiera transmitirle al pueblo jobabense acerca de la labor que realizan ustedes hoy aquí en esta Sala de Rehabilitación Integral?

«Bueno, que las puertas están abiertas, que son bienvenidos y que le vamos a brindar el mejor servicio posible, en aras de contribuir a elevar la calidad de vida, la movilidad, el alivio al dolor y la mejor reinserción del paciente a las actividades cotidianas».

7 y 8 de septiembre de 1958: Paso por Jobabo de las columnas del Che y Camilo

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7 y 8 de septiembre de 1958 Las columnas invasoras #2 Antonio Maceo y #8 Ciro Redondo al mando de los Comandantes del Ejército Rebelde Camilo Cienfuegos y Ernesto Che Guevara, respectivamente, pasan por Jobabo acampando en Santa Rosa el primero y en 40 Pesos el segundo. Camilo prácticamente hizo un paso relámpago por el territorio sur de Jobabo, mientras que Che mantuvo contacto con activistas del M-26-7 en la zona y se entrevistó en el entonces poblado de la Arrocera Bartés (Zabalo) con el administrador del enclave productivo.

Batalla contra la sed de un arrocero en Jobabo

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La tierra fértil de los alejados parajes de Pozo Salado, al noreste de Jobabo, es testigo de una lucha constante. Yody Carreño, un hombre de manos curtidas y mirada perseverante, se ha especializado en el cultivo del arroz durante más de una década. Su historia es la de  un esfuerzo anual, sin doblegarse, por extraerle mejores rendimientos a un terreno donde la sequía suele hacer de las suyas.

“Llevo ya varios años en el cultivo del arroz. Aparte de que soy ingeniero agrónomo, llevo años ya con experiencia en él”, afirma con la seguridad que da el conocimiento académico y la práctica diaria. Su doble condición de profesional y campesino se funde en cada surco.

Su preferencia por el grano blanco no es casual. “Me gusta porque siempre he tenido buenos resultados. Y no es mentira que da buenos resultados”, asegura. Pero más allá del beneficio personal, reconoce su importancia nacional: “Es un producto de alta demanda porque se necesita para el consumo cubano. Es como decimos: cuando no hay arroz en el plato, no hay comida”.

Su experiencia no nació de la nada. “He adquirido experiencia a través de varios ingenieros, varias personas muy calificadas en este cultivo, y siempre me ha dado buenos resultados”, relata, destacando el valor del conocimiento que ha recibido y que traspasa a otros campesinos de la zona, no solo en este cultivo, sino en otros que tradicionalmente se aprecian por esos lares.

Sin embargo, el camino está lleno de obstáculos: “Bueno, el principal obstáculo aquí es el agua”. La crudeza del clima actual no da tregua. Ha sido un año muy seco. Las presas no tienen volúmenes de agua, y es el principal obstáculo, porque estos suelos son buenos, tienen buen drenaje, tienen buenas características para esta siembra. Es el agua lo que nos frena”.

Aunque cuenta con un sistema de riego por aniego, este depende por completo de fuentes externas que hoy están secas. “Depende del Cayojo, depende de la presa de Palmarito, algún nivel de La Ceibita… porque no tienen agua ni para la población”, explica. La opción de un pozo no es viable: “No, aquí no hay pozos que den para eso”.

A pesar de la adversidad, la cosecha de este año tiene un salvavidas. “El corte lo garantizamos. Siempre hacemos contrato con la Empresa de Grano de Las Tunas”. Y añade: “Este corte lo voy a garantizar con ellos. Tengo hasta ahora garantizada la máquina con una productora muy buena, que fue la que me garantizó también la semilla”.

La semilla, un elemento crucial, es de alta calidad. “Es una semilla básica, una selección uno. Gracias a ella también hoy estamos sacando esta semilla, que es de alto rendimiento”, detalla.

Pero el rendimiento no depende solo de la semilla. “Aquí influye mucho el tema de urea, potasio… y eso también es escaso”. Sus expectativas son realistas: “Puede estar alrededor de las 3.5 o 4 toneladas por hectárea. Debe estar por ahí, no puedo aspirar a más con las condiciones actuales”.

Sin embargo, Yody ha demostrado que con los insumos adecuados, el potencial es mayor. “Nosotros hemos logrado hasta 6 toneladas por hectárea”, recuerda con orgullo. Esa meta se alcanza con una fórmula precisa: “Se aplicaban las 3 toneladas de urea por caballería, 2 toneladas de potasio por caballería, 3 pasos de fungicida, y estaban garantizados todos los insumos en su momento”.

Además de los insumos, el ciclo de siembra es fundamental. “Hemos notado que en el ciclo de frío tiene mayor rendimiento que en la etapa de primavera. Por lo menos yo lo he logrado así”, comparte desde su experiencia.

La posibilidad de dos cosechas anuales es un sueño lejano condicionado por un único factor: “Se pudieran hacer dos cosechas siempre que hubiera agua. Pero ahora la de primavera fue complicada. La de frío debe ser prácticamente imposible de hacer, depnde de la naturaleza”.

Su análisis es lógico, el cuello de botella es claro. “Si existiera la capacidad de agua, si hubiera agua, no había problema. Lo otro se garantizaba”. Su pasión por el arroz trasciende lo económico. “Me gusta porque es un cultivo que, cuando se le realizan todas las actividades, siempre se ve, siempre se logra la cosecha. No es tan exigente como otros cultivos”.

Y finaliza con una imagen casi poética de su labor: “Es un cultivo que tú lo miras y, cuando lo plantas, que lo miras, se ve. Es algo bonito. Y bueno, me agrada”. Aunque también siembra boniato, frijol y otros cultivos varios, es en el arroz donde Yody Carreño, asociado a la CCS Melanio Ortiz Uno y con vínculos con la granja militar de Ciruelito, ha encontrado su batalla y su mayor satisfacción.

De Las Tunas, Ever René en el equipo Cuba al mundial de Paratletismo

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El paratletismo cubano tendrá un representante de lujo en la cita mundialista de 2025. Ever René Castro Martínez, un tunero oriundo del municipio de Puerto Padre, conocido como la Villa Azul de los Molinos, ha sido incluido en la nómina oficial que competirá en el Campeonato Mundial de Paratletismo de Nueva Delhi. El atleta se alzará como el abanderado de la isla en la especialidad de lanzamiento de jabalina en la clasificación F41, demostrando el surgimiento de nuevos valores desde las provincias orientales del país.

El evento, programado del 14 al 21 de septiembre, supondrá un estreno de gran magnitud para la capital india. Nueva Delhi se vestirá por primera vez de gala para acoger una justa universal de paratletismo, utilizando como escenario el moderno Estadio Jawaharlal Nehru, un recinto de tal envergadura que también albergará una parada del circuito de Grand Prix ese mismo año. Esto refleja el creciente interés y la apuesta de la región por deportes de alto nivel.

La convocatoria espera ser masiva, con proyecciones de superar el millar de paratletas en competencia, representando a alrededor de un centenar de naciones. Estas cifras, que emulan el éxito de la edición anterior celebrada en Kobe, Japón, confirman la consolidación del campeonato como el principal evento del calendario paralímpico fuera de los Juegos, reuniendo a la elite mundial en un espectáculo de superación y máximo rendimiento deportivo.

Históricamente, esta cita marcará la cuarta ocasión en que el Mundial se desarrolle en suelo asiático, siguiendo una clara tendencia de expansión global del deporte adaptado. El continente ha acogido anteriores ediciones en Doha, Catar (2015), en Dubái, Emiratos Árabes Unidos (2019), y la más reciente en Kobe, Japón (2024). Este ciclo evidencia la universalización del paratletismo y el firme compromiso de Asia con la inclusión deportiva.

Sin embargo, la pista de Nueva Delhi se verá opacada por una ausencia monumental: la de la legendaria velocista cubana Omara Durand (T12). La “Mujer Más Rápida del Mundo Paralímpico” se retiró tras los Juegos de París 2024, cerrando una carrera insuperable con 11 oros paralímpicos, 14 títulos mundiales y la posesión de los récords en 100, 200 y 400 metros. Su legado será el faro que inspire a nuevos talentos como Castro Martínez, quien ahora tiene la responsabilidad de empezar a escribir su propia historia en la escena mundial.

Tierra y sudor

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olisbeiLa historia de Olisbei Milanés Pérez comienza a escribirse con esperanza. Hace apenas cinco meses, este productor se sumó a los esfuerzos del Polo Productivo Melanio Ortiz para devolver a la zona su antiguo esplendor agropecuario.

La tierra, una extensión de 1.9 caballerías, la adquirió mediante la figura del usufructo. Desde el principio, reconoce, no ha estado solo en este empeño. “Gracias a la empresa que me ha ido ayudando”, afirma con un dejo de agradecimiento que contrasta con las dificultades que enfrenta a diario.

Sin embargo, el camino para producir está lleno de obstáculos. El más inmediato y apremiante es la crítica situación del combustible. “Está mal la situación del combustible, el poquito que ha entrado lo hemos ido aprovechando”, explica Olisbei, detallando cómo este recurso vital se administra gota a gota.

A pesar de los desafíos, su trabajo ya ha rendido frutos. En su parcela se extienden cinco hectáreas y media de yuca, y maíz y tres más de maíz seco. Además, cuenta con una hectárea y media de maíz verde y otra de melón, un mosaico de cultivos que brota con tenacidad.

Pero la sombra del combustible lo planea todo. “Ahora lo que nos falta es el tema del combustible para seguir sembrando”, insiste. Sus planes inmediatos chocan contra esa misma pared: querer sembrar tres hectáreas más de calabaza y tener la semilla, pero carecer del diésel necesario.

Sus proyecciones, a pesar de todo, son claras y tienen un objetivo noble: “Sembrar para el pueblo que es lo que hace falta, comida”. Con determinación, enumera sus metas: tres hectáreas más de plátano burro y, si la cosecha y el combustible se lo permiten, dos de habichuelas.

Un recurso que, afortunadamente, no le falta es el agua. “Tengo tres pozos y que gracias a Dios hasta la población se sirve de ello”, comenta. Este bien esencial se convierte en un oasis compartido, aunque reconoce que “esa es otra cosa que golpea aquí”, al ser un punto de demanda constante.

Para cultivos como la habichuela, el agua está garantizada. El cuello de botella, repite, es otro: “Lo más que nos ha golpeado es el combustible”. Su gestión depende por completo de lo que “aparece poquito a poco, con lo que entra”.

El combustible no es el único freno. Aunque trabaja con un tractor estatal que le facilita mucho el trabajo, la carencia de insumos básicos para la maquinaria es otro dolor de cabeza. “A veces la vamos a usar y no podemos porque el tema es aceite o grasa, los implementos”.

“Tengo los implementos, maquinaria, pero a veces no tiene grasa, no hay grasa”, describe con frustración. Esta escasez paraliza la producción. “Y sales a buscar y no aparece. Esa es una cosa de lo que a veces la maquinaria tenemos que parar”.

En este escenario, el apoyo de la empresa estatal asociada al polo productivo se torna fundamental. “Aquí asociado a la empresa nos vamos un poquito mejor”, compara. La institución, según su experiencia, prioriza a los productores cuando logra adquirir recursos, por escasos que sean.

“Los recursos están malos, están escasos, pero la empresa si entra un poquito de petróleo, ella viene, toma el productor, toma, entró esto, toma 100 litros, toma, y nos ayuda hasta donde se puede”. Este apoyo dirigido marca una diferencia crucial en su gestión diaria.

La historia de Olisbei Milanés Pérez es más de la batalla que se libra en los campos de Jobabo. Es la historia de un usufructuario que, con el apoyo familiar como pilar fundamental y a pesar de las enormes carencias, persevera con un solo objetivo: sembrar comida para su pueblo.