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Jobabo: 114 años del día en que el central parió un pueblo

La primera zafra de 1912 no fue el inicio de una industria: fue el parto de una comunidad. Esto es lo que la investigación histórica confirma sin leyendas.

Jobabo: 114 años del día en que el central parió un pueblo

La primera zafra de 1912 no fue el inicio de una industria: fue el parto de una comunidad. Esto es lo que la investigación histórica confirma sin leyendas.

El 12 de febrero de 1912, a las puertas del ingenio que la Compañía Cubana del Ingenio Jobabo había terminado de construir el año anterior, comenzó a molerse la primera caña. Aquella zafra inaugural duró 65 días y produjo 73 202 sacos de azúcar, con un rendimiento de 12.37 por ciento sobre 5 917 760 arrobas de caña procesada. Pero los guarismos industriales, fríos en una hoja de balance, no cuentan lo esencial: ese día no solo empezó una zafra; empezó un pueblo.

Lo que existía antes en esos parajes no era una población. La investigación del historiador municipal Esteban Felipe Yero Rosales y de otros investigadores locales, compilada durante más de cuarenta años y reconocida públicamente por las autoridades locales, establece que el Jobabo anterior a 1909 era monte, tierras de haciendas y realengos donde la única huella urbana posible era la de los asentamientos rurales más o menos estructurados.

El nombre mismo lo heredaron del paisaje, no de sus pobladores coloniales. Jobabo proviene del vocablo aruaco Jobabol, que significa “sitio poblado de jobos”, el árbol frutal que crecía a orillas del río homónimo. Lo documenta así el trabajo de la Sociedad Científica Arqueológica tutelado por la licenciada Belkis López Ramos, y lo corroboró en su momento Fernando Ortiz, el gran investigador de las raíces cubanas.

La fecha fundacional del poblado, sin embargo, no es la de la zafra sino la que ha sido posible establecer mediante la revisión de archivos y registros civiles. Según la investigación de Belkis López, fue el 17 de julio de 1911 cuando se aprobó oficialmente la urbanización de los terrenos donde se levantarían las primeras construcciones . Esa es, a la luz de la evidencia documental, la fecha de fundación de Jobabo como entidad urbana.

Entre 1910 y 1911, mientras se erigía el ingenio, se construyeron las primeras casas y los bateyes. Las viviendas de madera, que predominarían hasta los años veinte, se destinaron de manera diferenciada: las mejores, estilo bungalow con pisos de ácana, para los altos empleados norteamericanos y cubanos; otras, más modestas, para trabajadores de puesto fijo; los barracones, en condiciones deplorables y sin servicios, para la mayoría.

La fuerza laboral que hizo posible la primera zafra era heterogénea, y los archivos consultados por los historiadores municipales permiten afirmarlo sin ambages: la formaban africanos, jamaicanos, haitianos, chinos y cubanos. Se desconoce la cifra exacta de trabajadores en 1912 —las estimaciones oscilan entre 260 y 320—, pero la nómina de 1926 ya registraba 822 obreros.

La investigadora Ayme Plasencia Pons, del Centro de Intercambio y Referencia-Iniciativa Comunitaria de Cuba, ha documentado en un estudio publicado por La Jornada de México cómo este proceso no fue exclusivo de Jobabo pero allí encontró una expresión paradigmática: “Jobabo… surgió en el año 1912 a partir de la construcción de su central azucarero. Este central se erigió como un símbolo del modelo agroindustrial y como generador de una diversidad de servicios comunitarios importantes” -6.

Aquella primera zafra inauguró también un régimen de explotación que las fuentes documentales describen con crudeza. Las jornadas en la agricultura y la industria se extendían hasta catorce horas. Los salarios oscilaban entre ocho y quince centavos diarios. El desyerbe de un cordel de línea férrea —medida de la época— se pagaba a dos centavos.

El pago, en la mayoría de los casos, no se realizaba en moneda nacional sino mediante fichas o bonos canjeables únicamente en las bodegas y establecimientos pertenecientes a la colonia. El sistema, atado a la compañía, impedía a los trabajadores comprar fuera de los límites del central y prolongaba la dependencia más allá de la jornada laboral.

La vivienda de los cortadores de caña y subempleados —los barracones— carecía de iluminación, agua potable y servicios médicos. El llamado “tiempo muerto”, período de inactividad tras la zafra, sumía a las familias en la indigencia hasta la siguiente molienda. Esta contradicción entre la riqueza generada y la miseria habitacional ha sido ampliamente documentada en la monografía municipal dirigida por Yero Rosales .

A pesar de todo, el central atrajo población. Los comercios se establecieron escalonadamente, fundamentalmente por inmigrantes chinos y españoles. Para cuando se conmemoró el centenario de la primera zafra, en 2012, Jobabo era ya un municipio con identidad propia, reconocido en la división político-administrativa de 1976, cuando dejó de ser “un simple par de bateyes alrededor de un ingenio”.

Jobabo fue parido por un central azucarero entre 1910 y 1912, y su primera zafra, hace hoy 114 años, no fue la celebración de un pueblo existente sino el trabajo de parto del que nacería. Los historiadores han debido investigar en archivos, registros, testimonios y bibliografías diversas para reconstruir este proceso y aportar elementos nuevos sobre la fecha fundacional. El rigor documental ha permitido, por fin, separar la memoria de la leyenda.

FUENTES 

  1. Yero Rosales, Esteban Felipe (Historiador del municipio Jobabo). Monografías e investigaciones archivadas en el Museo Municipal.
  2. Plasencia Pons, Ayme (Centro de Intercambio y Referencia-Iniciativa Comunitaria, CIERIC). Cuba: De la industria a la tierra, una estrategia de vida compartida. La Jornada del Campo, suplemento informativo de La Jornada (México), núm. 112, 21 de enero de 2017.
  3. López Ramos, Belkis Milagros; Ramos Pantoja, María Luisa; Rojas Ramírez, Raúl. Jobabo: huellas del tiempo y patrimonio en el centenario de su fundación. Revista Caribeña de Ciencias Sociales, 2014, número 2014_04.
  4. Sociedad Científica Arqueológica (bajo tutoría de Belkis López Ramos) y Cardosa Rafael, Juana María (CITMA). Monografía del Municipio Jobabo.
Yaidel M. Rodríguez Castro
Yaidel M. Rodríguez Castro
Máster en Ciencias de la Comunicación. Licenciado en Educación. Periodista en Radio Cabaniguán desde 2010 y editor de la página web Radio Cabaniguán. Atiende los temas relacionados con la Agricultura, Producción de Alimentos, Economía y Desarrollo Local.

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Máster en Ciencias de la Comunicación. Licenciado en Educación. Periodista en Radio Cabaniguán desde 2010 y editor de la página web Radio Cabaniguán. Atiende los temas relacionados con la Agricultura, Producción de Alimentos, Economía y Desarrollo Local.
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