Este viernes 7 de agosto, a las 9 de la mañana, el Museo Municipal Rosendo Arteaga Guerra abrió sus puertas para la inauguración de la ¨Exposición de la muestra del mes”, dedicada al Centenario del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz. La actividad reunió a niños del Palacio de Pioneros y a pobladores del territorio, convirtiéndose en un espacio de reflexión y homenaje a la vida y obra de quien marcó profundamente la historia de Cuba.
Durante la jornada se resaltó la trayectoria revolucionaria de Fidel Castro, donde además se destacó su papel en la defensa de la soberanía nacional y en la construcción de un proyecto social basado en la justicia y la igualdad. Los participantes compartieron anécdotas y recuerdos, se hizo referencia a las visitas realizadas por el Comandante en el territorio, momentos que dejaron huellas imborrables en la memoria colectiva de Jobabo.
La presencia de los pioneros aportó frescura y entusiasmo, que dejó muestra de cómo las nuevas generaciones se acercan a la historia desde la curiosidad y el respeto. Los pobladores, por su parte, reafirmaron el compromiso de mantener viva la memoria de Fidel, y reconocen su legado como guía para el presente y el futuro. El museo, con esta muestra, se consolidó una vez más como un espacio de encuentro entre la comunidad y su patrimonio cultural e histórico.
La inauguración de la muestra dedicada al Centenario de Fidel Castro Ruz, no fue solo un acto conmemorativo, sino también una oportunidad para fortalecer la identidad cultural y política del municipio. Al reunir a niños y adultos en torno a una pieza artística en forma de cuadro perteneciente a esta figura histórica, donada por la Oficina del Historiador de La Habana al museo municipal, se logró un diálogo intergeneracional que reafirma la vigencia de sus ideas y la necesidad de mantenerlas presentes en la vida cotidiana.
Este cuadro, elaborado con fragmentos de cerámica policromada, representa la finca Birán, lugar donde nació el líder de la Revolución Cubana. Su presencia en el museo no solo enriquece el patrimonio local, sino que también simboliza el vínculo entre la historia nacional y la identidad de las comunidades cubanas.
La obra muestra un paisaje rural típico del oriente cubano: casas de madera con techos de tejas, caminos de tierra y un cocotero que se alza como emblema de cubanía. Los colores vivos —azules, verdes, ocres y rojizos— evocan la vitalidad del entorno campesino y la sencillez de la vida en la finca, donde se forjaron los valores de trabajo, humildad y compromiso que marcaron la formación de Fidel Castro. Cada fragmento del cuadro parece unir pasado y presente, como si las piezas reconstruyeran no solo una imagen física, sino también una historia colectiva.
La donación de esta pieza por la Oficina del Historiador de La Habana tiene un profundo significado cultural. Representa el reconocimiento de Jobabo como espacio de preservación de la memoria revolucionaria y reafirma la función del museo como guardián de los símbolos que definen la identidad cubana. Además, la obra invita a reflexionar sobre el papel del arte en la transmisión de la historia: cómo una imagen puede condensar emociones, ideales y raíces que trascienden generaciones.
Este cuadro no es solo una representación artística de la finca Birán, sino un símbolo de origen y continuidad. En él se conjugan la historia personal de Fidel Castro y la historia colectiva del pueblo cubano, ambas tejidas en los colores y texturas del paisaje rural. Su presencia en el Museo Municipal Rosendo Arteaga Guerra, reafirma la importancia de conservar piezas que conectan la memoria nacional con la identidad local. Así, la obra se convierte en un puente entre el arte y la historia, entre la figura del líder y el pueblo que comparte su legado.



