A 158 años del alzamiento de Cabaniguán, ocurrido el 17 de octubre de 1868, la vigencia histórica de este suceso destaca el papel de este territorio —antecesor del actual Jobabo— en la primera contienda revolucionaria cubana.
En diálogo con el historiador Esteban Felipe Yero Rosales, se pueden apreciar los principales acontecimientos de aquella jornada, así como su repercusión y continuidad en el proceso revolucionario cubano.
La incorporación del territorio a la gesta libertadora
El alzamiento de Cabaniguán, producido el 17 de octubre de 1868 y dirigido por Francisco Vicente Aguilera, “tiene una importancia y vigencia extraordinaria, porque es la constancia de la incorporación de este territorio al proceso revolucionario cubano, que inició Carlos Manuel de Céspedes, el 10 de octubre de 1868, en su ingenio de Demajagua”, explicó el historiador.
En ese sentido, destacó que el papel de Aguilera en el levantamiento armado y el desenlace de las acciones del naciente Ejército Libertador fue decisivo.
“Aguilera tuvo una repercusión extraordinaria con ese regimiento, porque se presentó el día 18, en la llanura del Cauto, ante las órdenes de Céspedes, quien le envió un pliego contentivo con el ascenso a general de división y la asignación de ubicarse en el límite de Bayamo con Holguín, para evitar el acceso de las fuerzas españolas y posibilitar el apoyo a la toma de Bayamo, que se produjo del 18 al 20 de octubre”, precisó Hierro Rosales.
Ello indica, subrayó, “que la fuerza alzada aquí no solamente se incorporó al proceso revolucionario cubano, sino que apoyó la gran epopeya de Bayamo, donde también los jobabenses no estuvieron ausentes”.
No fue un hecho espontáneo
El especialista aclaró que el alzamiento de Cabaniguán no constituyó un hecho aislado. Ese mismo día también se produjo el levantamiento en la finca de Aroncillo, en San José de la Plata, protagonizado por un campesino nombrado Ramón Rivas Echavarría, aunque en el guión museológico aparece como Ramón Pino, precisó el historiador, quien señaló que este último nombre no ha podido ser corroborado en ningún libro de historia de Cuba ni en el diario de campaña.
“En el caso del alzamiento de San José de la Plata, que también tiene su significación muy peculiar, se alzaron un grupo en Mambises, que no terminaron la guerra del 68, y en esta contienda estuvieron subordinados a las órdenes del mayor general Vicente García, según yo pude comprobar en estudios realizados a través del diario de la campaña de éste”, refirió.
Asimismo, destacó la presencia de los hermanos Cuellos en aquel alzamiento del 17 de octubre. Uno de ellos viajó a Riochico, Venezuela, con Vicente García y se instaló con él en la finca, donde era uno de sus hombres de confianza, aunque nunca regresó.
En el caso de Salvador Cuello, también alzado ese día, “dio una continuidad histórica al territorio de Joao, debido a que se incorporó en la guerra del 95, y no sólo eso, sino que estuvo bajo las órdenes del primero de Capote y de Antonio Maceo después, durante el paso de la invasión a occidente, y murió de enfermedad, aquí en la zona de Caobilla, el 18 de octubre de 1898”.
Vigencia y continuidad histórica
Para el historiador, estos alzamientos “cumplieron el legado histórico de nuestro comandante en jefe, porque continuaron todos los procesos revolucionarios y le dejaron la bandera a las próximas generaciones, de tal forma que demostraron que nuestra revolución es una sola, la que inició Carlos Manuel de Céspedes el 10 de octubre de 1868, y que nuestro pueblo lleva adelante en estos instantes, ahí donde radica esencialmente su vigencia”.
Los sucesos del 17 de octubre de 1868 en Jobabo figuran en la historiografía local entre los más importantes de esta tierra, aun cuando los principales textos de historia de Cuba no les confieran la relevancia que merecen.



