Eran los días finales de marzo de 1996. La zafra había sido un éxito y los trabajadores del central azucarero “Jovén” celebraban el cumplimiento del plan técnico de azúcar. Nadie imaginaba que, entre la algarabía, se escribiría una página imborrable en la memoria colectiva del municipio.
Juan Brito Escalona era entonces el primer químico del laboratorio y también secretario del comité del partido en la industria. Aquel 31 de marzo, cuenta, comenzó como un día cualquiera de júbilo, hasta que una noticia cambió el ritmo de la jornada: un alto dirigente de la revolución visitaría el central para felicitar a los trabajadores.
“Se me localizó ese día —recuerda Juan— y se nos informó que nuestra industria sería objeto de una visita. Se necesitaba colaborar para organizar un grupo de compañeros y recibirla”.
Lo ubicaron junto al clarificador del ingenio, frente a la bomba de vacío, el paso obligado hacia la sala de análisis y el laboratorio. Allí, un grupo de trabajadores y vecinos aguardaban el acto por el cumplimiento de la zafra. Pero entonces ocurrió un primer giro inesperado.
“Por la amplificación se dirigieron al pueblo —relata—. Planteaban que el acto se trasladaba para ‘la punta’, porque era un acto de pueblo y allí debía estar todo el mundo. Todos salieron para allá. Nosotros nos quedamos dentro del ingenio”.
El momento decisivo llegó cuando ya casi no quedaba gente en el área. “De pronto veo que entran los carros y frente a nosotros paran. Y cuando observamos, visualizamos bien, vimos al comandante en jefe y la comitiva que lo acompañaba”.
Fidel Castro descendió junto a su comitiva y se dirigió a la sala de análisis. Allí compartió con los dirigentes del central y reflexionó sobre el desarrollo de la zafra. Al salir, se encontró con el pequeño grupo que había permanecido en el área.
“El comandante se para frente a nosotros y nos plantea, sonrientemente, contento por el éxito también”, rememora Juan.
Fue entonces cuando ocurrió un intercambio que quedaría grabado en la memoria de todos. Un compañero, Máximo Acosta, se acercó y le dijo: “Comandante, cumplimos con usted”. La respuesta no se hizo esperar: “No, conmigo no —respondió Fidel—. Cumplieron con la revolución, con el pueblo”.
A partir de ahí, el Comandante comenzó a saludar uno a uno. Fue un momento breve, porque debía dirigirse a “la punta”, donde lo esperaba una multitud.
“Es un momento muy orgulloso para nosotros —afirma Juan Brito—. Jamás será borrado de nuestra imagen. Ver a nuestro comandante compartiendo con nosotros, saludando. Nosotros pudimos transmitir también el mensaje de nuestro trabajador azucarero, aguerrido y decidido a seguir contribuyendo a que la provincia produjera más azúcar, y así aportar a la economía del país”.
A casi treinta años de aquel 31 de marzo, Juan aún emociona al evocar el gesto cercano, el trato sin distinción, la fuerza del ejemplo.
“No había raza, no había color —subraya—. Esto nos enaltece, nos hace ser más orgullosos, más revolucionarios y más patriotas. Ese momento lo llevo en el corazón. Ha sido inédito porque lo he compartido con pocas personas, pero la visita de Jovén sigue latente en el recuerdo de esas generaciones. Ese día ‘la punta’ se llenó del pueblo. Prácticamente no quedaban espacios”.




