La estrategia económica, desde el diseño, tuvo en cuenta la crisis económica mundial por la que se está transitando y a la que Cuba no es ajena. “Es una transformación que viene dada porque, en primer lugar, se ha producido una devaluación del peso que lleva a un incremento de los costos, no solo a nivel doméstico sino en la economía a nivel macro.
“Por tanto, si antes, debido a la dualidad monetaria y cambiaria, un dólar de importación era igual a un peso cubano en los resultados económicos y financieros de una empresa, ahora cada vez que importemos un dólar son 24 pesos cubanos. Ello incrementa los costos y la continuidad que van teniendo estos en los valores de los principales productos y servicios que mantienen el funcionamiento, el desarrollo de la economía y la generación de bienes y servicios para la sociedad”.
Unido a eso –explicó–, aún con ese incremento o el efecto de la devaluación, también el ordenamiento monetario y financiero concibió aplicar una reforma integral de salarios que permitiera, en primera instancia, no solo asumir el incremento general de esos costos, sino dar cumplimento a otro de los lineamientos: ir eliminando subsidios excesivos y gratuidades indebidas, aunque manteniendo las conquistas de la Revolución consagradas en la carta magna.
“Hoy, todos los cubanos, en medio de este proceso en el que nos estamos adaptando y ajustando a los nuevos precios, revisándolos e incluso en desacuerdo con algunos de ellos, dormimos tranquilos porque la atención médica y la educación, pese a la pandemia, están garantizadas”, destacó.
Ante esta reforma general de salarios –continuó la ministra–, deben incrementarse también los costos, porque hay que pagar el salario de los trabajadores. Tal como han explicado ya otras autoridades competentes, uno de los objetivos primordiales que tiene esta gran transformación en la vida económica del país es precisamente estimular el trabajo.
“Buscar que las personas se sientan estimuladas para trabajar, porque es de su trabajo de donde podrán generar la fuente principal de los ingresos para solventar sus principales gastos de vida y necesidades, y los de su familia”, afirmó.
“Estamos hablando de madres y padres que tienen hijos pero también familiares de la tercera edad que dependen de ellos, y a los cuales tenemos la responsabilidad de ayudar, no solo socialmente, sino también en sus gastos económicos”.
El proceso de devaluación, la reforma integral de salarios y una corrección de precios mayoristas y minoristas hacen que se produzca una transformación importante y, sobre todo, un incremento de precios de un grupo de productos y servicios.
Bolaños Weiss recordó que en 1978 fue aprobado el Decreto 28, consistente en una reforma general de precios, a partir de lo analizado y adoptado en el primer congreso del PCC. “Fue una reforma fundamentalmente en los precios mayoristas, en los sectores de la construcción y agropecuario”.
Ese decreto se implementó en su totalidad a partir de 1981, “y en 1994, cuando el país, en un escenario complejo, aprobó un conjunto de medidas para impulsar la economía y al propio tiempo sanear las finanzas internas, hubo una transformación importante en un grupo de precios minoristas por las propias condiciones y circunstancias que estaban operando en la economía nacional, y para poder buscar un equilibrio frente a los indicadores de inflación que se estaban dando”.
Es de ahí –prosiguió Bolaños Weiss– de donde surge el término de productos con precios recaudadores, muchos de los cuales se mantuvieron incluso hasta el pasado año, aun cuando la mayoría paulatinamente se fue transformando.
“Hemos venido adoptando medidas, paliativas, parciales, puntuales, pero no una transformación de la complejidad, alcance e impacto que se espera con este cambio profundo a partir del ordenamiento monetario y financiero, y junto con ello un grupo de políticas y lineamientos que vienen cumplimentándose a la par para dar un enfoque más integral a estas transformaciones en términos de precios, finanzas públicas e ingresos personales. No se trata solamente de una devaluación de la moneda”.
Es importante que se entienda –dijo– que aun con el efecto del incremento de los precios, que viene acompañado de esa reforma general de salarios, ciertamente una buena parte de los productos, bienes y servicios, tanto mayoristas como minoristas, tienen un incremento; incluso, se corre ese incremento.
“¿Dónde hemos regulado para que todo el efecto de esa devaluación o el aumento de esos costos no lleguen desde el inicio?: en los límites de contención que se han diseñado, que parten de no desear un crecimiento más allá del diseñado para los precios, pero que para nada anula el necesario incremento como efecto de esa devaluación y reforma general de salarios. Por lo tanto, hay un aumento de una buena parte de los precios y tarifas, que requieren de una correcta implementación.
“Crecen los precios y costos, pero los tenemos que aplicar correctamente. Crecen los gastos asociados y por tanto hay transformación en los resultados económicos de las empresas, pero entonces también tiene que haber transformaciones en cómo hacemos las cosas y, en función de ello diseñar mayor eficiencia y productividad, que es en definitiva lo que nos generará mayor riqueza y bienestar, a mediano plazo”, destacó la ministra de Finanzas y Precios.