La ganadería en Jobabo cerró el 2025 con una nueva merma en su masa vacuna arrojando en su balance anual un saldo negativo de 780 cabezas, confirmando una tendencia decreciente que, aunque atenuada, sigue sin revertirse. El inventario, que inició el año con 23 260 animales, finalizó con 22 480, marcando una pérdida que vuelve a poner en alerta al sector agropecuario.
Un contraste pronunciado entre nacimientos y bajas explica esta reducción, pues durante el calendario pasado se registraron 3062 partos, una cifra que, en teoría, refleja una capacidad reproductiva activa, sin embargo, ese impulso natural fue ampliamente superado por las 3842 reses eliminadas del registro, creando un desequilibrio que impidió cualquier posibilidad de crecimiento.
Lo preocupante no es solo la cifra neta, sino su composición teniendo en cuenta del total de bajas, 1960 corresponden a muertes, una cifra que incluye 527 crías perdidas. A esto se suman 1139 cabezas dadas de baja por hurto o sacrificios, 407 enviadas a matadero y 33 con destino sanitario, de ahí el panorama multifactorial que demuestra que el problema no tiene una sola causa, sino que es un cúmulo de presiones que erosionan la base productiva.
Una señal positiva dentro del balance negativo fue la mortalidad total que muestra una mejora sustancial respecto al año anterior la cual se redujo en 1229 muertes, pasando de 3189 defunciones en 2024 a 1960 en 2025, diferencia de un 38,5 % que tiene que no tiene que ver con factores organizacionales, pues, a juicio de los expertos, no ha cambiado nada en cuanto a dirección y exigencias.
De acuerdo con datos ofrecidos por Addabelis Zamora, responsable del servicio de Medicina Veterinaria en Jobabo, la desnutrición encabeza la lista de causas de defunciones con 605 casos, seguida por trastornos gastrointestinales (350) y cuadros tóxicos (330). Estas tres categorías suman el 65,6 % de todas las reses dadas de baja.
La situación es especialmente crítica en la etapa de cría. De los 3062 terneros nacidos, 527 no superaron su primer periodo de vida, lo que significa una tasa de mortalidad del 17,21 %, otro golpe a la futura productividad y a la inversión económica y laboral que representa cada gestación y parto para el sector pecuario.
Comparado con el ritmo de decrecimiento de 2023 y 2024, el del año pasado fue menos acelerado, pero la diferencia es insuficiente para un sistema ganadero local que se mantiene en un equilibrio frágil, donde los avances en un frente —como la reducción de la mortalidad— se diluyen por problemas persistentes en otros, como el hurto y sacrificio ilegal o la elevada mortalidad neonatal.
Para 2026, precisaron, se requiere invertir la curva o al menos desacelerar la cantidad de bajas, insistieron los especialistas, de lo contrario en una década Jobabo habrá quedado prácticamente sin ganadería. Los principales análisis de este sector en el primer mes del actual calendario han estado enfocados precisamente en el problema de la ganadería.




