Prestar ayuda solidaria y desinteresada donde la patria nos necesita es una prioridad para el sistema de la salud cubana, y por supuesto en Jobabo nuestros profesionales del sector dan su paso al frente a decir sí en ayudar a los más necesitados. La licenciada Marjoris Oliva Lay es una de las que no dice no, al ofrecer su mano cálida en otras naciones como internacionalista.
¿Pudiera ponernos al tanto acerca de cuáles fueron sus vivencias en los países donde usted prestó ayuda solidaria y que hoy se encuentra aquí en la patria con el deber cumplido?
«Mi primera misión fue en Venezuela en el 2010 hasta el 2013. Cuando llegué me desempeñé como enfermera emergencista que trabajábamos 24 horas y descansábamos dos días. Luego al pasar el tiempo y los meses con mi trabajo, mi labor, asumí como jefe del departamento de enfermería de allí que atendía también a los venezolanos y me pasaron para la consulta de endoscopía. Una experiencia muy bonita. Luego me desempeñé también como jefe del departamento de higiene y epidemiología en el CDI, que teníamos que visitar las viviendas, los lugares donde estaban todos los colaboradores, a ver cómo convivían, cómo estaban esas casas. A pesar de la cultura diferente a la nuestra en Venezuela, tuvimos una bonita relación con los compañeros que trabajan con nosotros y no hubo ningún tipo de problema».
Acerca de su experiencia en Argelia, ¿qué nos puede hoy contar?
«Bueno, solamente llevo cinco meses de haber arribado de la hermana República de Argelia. Una experiencia también muy bonita. Me pasé en Argelia cinco años y siete meses. No había visto tantos niños nacer en lo que llevaba tiempo trabajando en mi vida. Hacíamos guardias de 24 horas y en esas 24 horas teníamos 24, 28 y a veces hasta 30 nacimientos. No parábamos de hacer parto y de recibir niños allí. Trabajábamos con unas árabes también, que hicimos buenas amistades y a pesar de ser el idioma diferente nos logramos entender. Ellos aprendían las cosas en español y yo me aprendí las cosas de ellos en árabe, las cosas fundamentales. Fluíamos bien, era un buen equipo de trabajo. Había cinco camas, cinco sillas, cinco mesas para hacer los partos y a veces teníamos que hacer parto en la misma silla o camilla que venían del cuerpo de guardia porque no daba tiempo una salir de la otra. Una experiencia bonita, bonita, bonita. Se trabaja pero equilibrado, son buenas personas, es un país súper tranquilo. No podemos decir otra cosa de Argelia. Una tranquilidad por dondequiera que tú caminabas. Las personas no se metían con los cubanos y en el hospital todo fue una maravilla. Lo único que se trabaja, muchas cesáreas y muchos partos, pero una experiencia muy bonita, muy linda».
Hoy ya te encuentras aquí en la patria con el deber cumplido ¿Cómo te sientes el haber prestado este servicio de manera desinteresada, solidaria?
«Bueno, me siento bien y con una gran experiencia. Yo soy enfermera licenciada pero también tengo la especialidad en obstetricia, de la cual tengo mayor experiencia y otras habilidades que adquirí ahí en la hermana República de Argelia por la cantidad de cosas que se ven allá que no las había visto nunca y ni las he visto aquí en Cuba. Y ya orgullosa de haber ayudado con el servicio prestado y ahora estoy aquí de regreso, que me encuentro trabajando aquí en el departamento de Legrado, que también con mucho amor lo voy a hacer en mi patria querida».
¿Algún mensaje al pueblo jobabense acerca de la labor que hoy usted ha venido desempeñando por tantos años y que ha traspasado más allá de las fronteras cubanas?
«Bueno, decirle que confianza en mí, que me tienen aquí ahora en el salón de Legrado, que pueden contar conmigo. Lo mismo al pueblo de Jobabo, donde quiera que me vean, en mi radio de acción, en mi casa, en la calle, si me necesitan como enfermera, aquí voy a estar, siempre voy a ser enfermera. Y a mis compañeros de trabajo también, que pueden contar conmigo y a aquellos que lo necesitan, que vaya a cumplir misión, que lo hagan, que es una experiencia muy bonita ayudar a otro es lo más bonito que puede sentir el ser humano y más para los trabajadores de salud, con la condición que el humanismo es lo primero».




