El Teatro Villanueva de La Habana respiraba un aire distinto era el preludio de un despertar, entre el reparto, destacaba la figura vibrante de Jacinto Valdés, “el Benjamín de las Flores”, un guarachero cuyo arte brotaba del pueblo, en un momento de electricidad colectiva, Valdés lanzó desde las tablas un ¡Viva Céspedes! que resonó como un trueno en el silencio cómplice de la sala.
El viernes 22, el Villanueva ya no podía esconder su alma las banderas cubanas, aún prohibidas, ondeaban en sus balcones, y las mujeres lucían cintas azules, blancas y rojas como flores de rebeldía. La obra “Perro huevero, aunque le quemen el hocico”, de Juan Francisco Valerio, subía al escenario de la mano de los Bufos Caricatos, una agrupación que mezclaba sátira y música criolla.
La trama era local, el humor, mordaz. Y entonces, en un diálogo cargado de intención, un actor exclamó: “¡Viva la tierra que produce la caña!”. La respuesta del público fue instantánea, visceral, unísona: “¡Viva Cuba libre!”.
Fuera, los voluntarios españoles apostados cerca del teatro, armados y tensos, recibieron la orden de reprimir. La descarga de fusilería apuntó primero al edificio de madera, luego a los que huían en desbandada, la madrugada del sábado amaneció teñida de sangre. La historia registraría la masacre como “Los sucesos del Villanueva”, un episodio donde el arte escénico fue acribillado por balas coloniales.
La respuesta fue inmediata con la publicación de la obra Abdala por el entonces joven José Martí el teatro mostró definitivamente que su lugar estaba al lado de las causas justas. En sus versos, el drama patriótico de un guerrero que defiende a su nación imaginaria, Nubia, era en realidad un alegato transparente por la independencia de Cuba.
Por tanto, el 22 de enero se elige como Día del Teatro Cubano precisamente por la trascendencia de los sucesos del Teatro Villanueva en 1869. Este día simboliza el momento en que el teatro en Cuba dejó de ser un arte de imitación colonial para convertirse en un acto de afirmación nacional y resistencia política. Por ello, esta fecha encapsula la esencia del teatro cubano: un arte que nace del pueblo, se compromete con sus luchas y se erige en espacio de identidad y soberanía.




