En medio de un contexto marcado por la escasez de insumos y la limitada disponibilidad de recursos, las autoridades de Jobabo profundizan en el acompañamiento de los programas productivos como vía para impulsar la recuperación del sector agropecuario, estrategia que no se limita a la revitalización del otrora Polo Melanio Ortiz —hoy concebido como zona de desarrollo agrícola— sino que se extiende a una visión más integral de la gestión territorial y abarca la totalidad de las unidades agropecuarias del municipio, con especial atención a aquellas que históricamente han mostrado mayores niveles de aporte y se mantienen activas en la concurrencia al mercado agropecuario local.
Las prioridades del enfoque de gestión incluyen el fortalecimiento de los programas vianderos, considerados estratégicos para la seguridad alimentaria de local, e incluyen las extensiones previstas para la siembra de plátano, yuca, boniato y calabaza, cultivos que tradicionalmente sostienen parte importante del consumo en el territorio, a la vez que se impulsa la recuperación de los cultivos de ciclo corto, como el frijol y las hortalizas, cuya producción tuvo notable descenso en campañas anteriores debido a la falta de recursos y un adecuado seguimiento.
Frente a las dificultades para acceder a insumos externos, las autoridades locales han promovido la búsqueda de alternativas que permitan sostener la producción, incluso en rubros tan demandantes como el arroz, del cual se pretende llegar a una sostenibilidad de siembra que permita apoyar el consumo local en breve plazo.
Aunque el municipio no cuenta con las condiciones óptimas para el cultivo extensivo de este cereal, sobre todo por la falta de infraestructuras, se han implementado experiencias en secano y el aprovechamiento de pequeñas áreas con acceso al agua sin necesidad de sistemas de riego que demanden combustibles.
Estas iniciativas demuestran la voluntad de no depender exclusivamente de esquemas centralizados y de activar la creatividad de los productores jobabenses, expusieron en la última reunión con dirigentes de cooperativas en el territorio.
La conducción de estos programas y su sistemático chequeo han arrojado resultados alentadores en los últimos meses, según reconocen los propios dirigentes municipales, permitiendo mantener una presencia más estable de viandas en los mercados y se ha evitado el colapso total de rubros como el frijol, ya a punto de cosecha.
Sin embargo, persisten importantes obstáculos que van desde los rendimientos por hectárea aún por debajo de los potenciales esperados, y las capacidades logísticas para la comercialización siguen siendo insuficientes. Ello provoca desfases entre lo que se produce, lo que demanda la población y lo comprometido mediante contratos estatales.
La apuesta por una gestión más descentralizada, que combina la recuperación de polos productivos tradicionales con el estímulo a las unidades más eficientes y la búsqueda de alternativas locales, comienza a dar señales de sostenibilidad. No obstante, los especialistas advierten que sin una solución a los problemas logísticos y sin un flujo más constante de insumos básicos, resultará difícil consolidar los avances y responder adecuadamente a la contratación estatal ni a la demanda cotidiana de una población que sigue esperando respuestas en los mercados agropecuarios.




