Tras recibir la noticia del levantamiento iniciado por Carlos Manuel de Céspedes en La Demajagua, Francisco Vicente Aguilera, dejando de lado cualquier discrepancia en aras de la causa común, tomó una decisión patriótica. En un gesto de unidad y grandeza, partió inmediatamente hacia su finca en Cabaniguán para organizar las fuerzas.
Una vez allí, secundó públicamente el llamado independentista y se alzó en armas. Reunió una tropa de aproximadamente 150 hombres, integrada por sus empleados, mayorales y esclavos, a quienes —en un acto de profundo significado— otorgó la libertad. Con este contingente, se dirigió a Bayamo para unirse y reforzar a las fuerzas patriotas que preparaban el ataque a esa ciudad.
Paralelamente, ese mismo día, Ramón Pino se sumó a la insurrección alzándose en San José de La Playa junto a un destacamento de campesinos de la zona.17



